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Don Ciro Torres López, hombre en transición - Desmesurado proyecto intelectual

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Desmesurado proyecto intelectual

Luego de criticar la Guerra del Chaco, en septiembre de 1932 regresa a la Argentina. Ese retorno le sirve para volver a la ciudad de Salta donde expuso sus ideas en la Sociedad Sirio Libanesa, y luego en Embarcación y Tartagal. El regreso no significa un alto ni un reposo en su trajín viajero. Entre ese año y 1954 recorre varias veces el país, desde el norte de Jujuy a Río Gallegos, regresando desde allí a Santiago de Chile pasando antes por Punta Arenas, Concepción, Curicó y recorriendo después Quillota, Valparaíso, Viña del Mar, Copiapó, Antofagasta para llegar por último a Tacna y a Lima.

En 1936 publica en Rosario Sumarios de las categorizaciones orales de Ciro Torres López , folleto de treinta y tres páginas en el que sintetiza su ambicioso, y desmesurado, proyecto intelectual que remite a centenares de instituciones culturales de todo el país. Dirigiéndose a los presidentes de las mismas, dice que lo hace convencido de que "por su cultura y su sentido de responsabilidad institucional", se habrán "librado ya de esa pereza mental y de ese complejo de gana que caracteriza a buena parte de los sudamericanos. Atonía que hace que ni siquiera se tenga la curiosidad de leer – y mucho menos de analizar – aquello que se les pone a ojo, reclamando su atención, en un deber ineludible de índole colectiva y de acento civilizador". Para Torres López esa pereza mental es la que explica nuestro atraso y "nuestra supeditación a otros pueblos del mundo".

El programa de trabajo comprende los "aspectos sustantivos, originales y decisivos" de la vida local, nacional, continental y universal. Estas categorizaciones, "son síntesis de una larga sucesión de viajes, de estudios y de meditaciones, en diferentes países, fuentes y temas...". Son trece los ciclos: 1) Básico argentinista; 2) Telúrico argentinista; 3) Poético argentinista; 4) Arabista expositivo; 5) Israelita crítico; 6) Hispanista reconstructivo; 7) Integralista caracteriológico argentino; 8) Intelectual bolivianista; 9) Amazonista informativo; 10) De vuelos de América; 11) Pedagógico conciencial americanista; 12) Ciclo novelista crítico y 13) Complementario argentinista.

Incipiente clase media

Así como el destino personal de Torres López no se comprende fuera de nuestra historia social, su trayectoria de vida permite iluminar las permanencias y los cambios en ese entramado social. El historiador, no sólo el sociólogo, debe procurar "percibir la interrelación del hombre y la sociedad, de la biografía y de la historia, del yo y del mundo" Para esbozarlo, nos parece pertinente asomarnos a la vida de un "hombre común salteño", de una generación anterior a la de Torres López, que también se vio forzado a emigrar de Salta, casi a la misma edad en que lo hizo Torres López.

Esas emigraciones personales son una consecuencia de la estrechez del espacio social para el desarrollo de una incipiente clase media la que, con muchas dificultades a finales del siglo XIX, comenzó a abrirse paso dentro de una sociedad que conservaba fuertes rasgos estamentales y que aún se reconocía en el esquema "gente decente" - "plebe". Consideramos pertinente esta comparación pues ambas trayectorias biográficas permiten detectar esas paulatinas transformaciones en la estructura social.

Aunque con diferentes trayectorias de vida, el caso de Torres López tiene semejanza con el de ese otro desconocido y también trashumante personaje salteño: Alberto Delac. Nacido en la ciudad de Salta a finales del año 1867, días antes de la entrada de Felipe Varela y 30 años antes que naciera Torres López, Delac dice pertenecer a un hogar "De modestos padres, sin más bienes de fortuna que el penoso trabajo personal".

El padre de Delac tuvo que trabajar como carpintero aunque, antes de la crisis de la última década del siglo XIX, fue propietario de una de las más extensas y valiosas fincas de Rosario de Lerma, heredada de su bisabuela Lorenza Delac. Esta caída convirtió a la familia Delac en "pobres decentes": por no tener fortuna no podían relacionarse con los pudientes y por provenir de familias que lo habían sido, tampoco podían hacerlo con indios, negros y mulatos. Al no existir inmigración europea no eran tampoco de clase media.

"Por aquel tiempo, Salta era una población colonial de sólo 16.000 habitantes (ésta era la población de la capital según el Primer Censo Nacional de 1869. GCF) capital y único centro importante de la Provincia. Era un feudo donde imperaban varias familias aristócratas dueñas de casi todo el territorio, parientes entre sí, y que se repartían por turno el Gobierno local y representación nacional y provincial; menospreciando a los que no eran de su clase y fortuna".

De ese grupo adinerado "salía la totalidad de intelectuales, abogados, médicos, etc.". Los dos casos más notorios son los de José Félix Uriburu (n. 1868) y de Luis Linares, (n. 1867), condiscípulo suyo en la escuela de Jacoba Saravia. Aunque se fuera inteligente, en aquella Salta "era inútil esperar mejoría de vida". Para un hijo de artesano, el único camino de progreso era el de la emigración de la provincia.

Hasta los 16 años estudió en la Escuela Normal. Luego inició el Colegio Nacional donde sólo permaneció seis meses pues "la lucha por la vida" lo obligó a dejar los estudios parea ayudar a sus padres, trabajando en el pequeño taller de carpintería de su padre. Allí vio "la triste suerte del artesano criollo de provincia". Era muy aficionado a leer. En 1887, cuando tenía 20 años, tomó "la diligencia hasta Cobos, que era el punto terminal del Ferrocarril en construcción, y en donde se llega al oscurecer, cansado y molido del viaje...". Luego de permanecer una semana en Tucumán, donde hace reposo pues enfermó de paludismo, emprendió viaje en tren a Buenos Aires.

En julio de 1887 llegó a Buenos Aires llevando solo dos cartas de recomendación y poco dinero. Después de varios meses de penurias en Buenos Aires le ofrecen un modesto empleo como escribiente auxiliar en una oficina de Aduanas en un pueblito de Corrientes. En 1890 es trasladado al puerto de Campana. Dos años después, cuando tenía 27 años, se casó. De ese matrimonio nacen seis hijos. En 1893 ingresa como empleado al Departamento Nacional de Higiene, donde al cabo de tres años es dejado cesante por ser secretario de un comité de la Unión Cívica Radical.

En sus memorias recuerda haber sido "corredor, guarda de tranvía, portero de circo". Trabó amistad con el dirigente radical José Camilo Crotto, con el que trabajó en su estudio de abogado. Allí conoció a Hipólito Irigoyen. En esas oficinas, recuerda Delac, se gestó el levantamiento radical del 4 de febrero de 1905. Fracasado el alzamiento, Delac huyó a Montevideo desde donde regresó dos meses después al decretarse una amnistía.

Perdido su empleo público, instaló un criadero en Lomas de Zamora en un lote cedido por Crotto el que, poco después, le encomienda un trabajo en Santiago del Estero a donde se traslada Delac para residir allí dos años. Delac ve en Santiago del Estero a una de las provincias argentinas con mayor personalidad y criollismo y una en donde menos se percibe la influencia de la inmigración europea. Hay en ella más amor a la tierra, más criollismo y argentinismo que en ninguna otra. En Salta y en Jujuy la influencia indígena boliviana hace el de Güemes y sus gauchos que parezca un mito mientras que, en Mendoza, la influencia chilena le resta purismo.

En 1938, a los 70 años, publica en Buenos Aires su libro Toda una vida. En 1942, a los 74 años, publica "El linyera. Estudio y análisis de algo que pasa en nuestra tierra y llamada civilización contemporánea moderna". Se define como "un viejo argentino muy apegado a su tierra, que desde niño ha sido un apasionado por viajes y aventuras". Se define como un profano que no tiene pretensiones de escritor. Describe "con la mayor sencillez", las nueve provincias y un territorio nacional y ciudades de los cuatro países limítrofes que visitó. Decepcionado por la falta de apoyo de los dirigentes radicales, Delac terminó criticando a la UCR y saludando el golpe de Estado de 1930 encabezado por su ex condiscípulo el general José Félix Uriburu, a quien exaltó como "salvador de la patria en ruinas".