Opinión


La solución de la crisis

Las crisis de cualquier clase suelen ser producto de la decisión de gente que no está a la vista de los gobernados. Si tales crisis son generales, entonces no cabe duda. La actual crisis financiera es la consecuencia de la corrupción política que permitió a los Bancos y demás instituciones financieras inmiscuirse en operaciones ajenas a su cometido propio y tradicional (prestar dinero y cobrar por ello). La inflación, en retrocesoDedicados a los seguros, a la construcción y demás actividades productoras de colosales beneficios, los políticos y sus partidos, subvencionados por estas entidades suelen recibir entre otros, el privilegio de remisión de deudas millonarias. Los gestores de la financiación occidental y Japón, país al que se puede incluir entre los occidentales, llevaron a sus entidades de crédito al desvarío más escandaloso que se pueda imaginar, colocando a estas entidades en la quiebra real.

La crisis de las familias y de las pequeñas y medianas empresas jamás preocupó a los políticos corruptos de Occidente; lo único que se apresuraron a cubrir fue y sigue siendo, la viabilidad de las empresas financieras públicas y privadas, porque son la fuente de sus prevaricaciones.

El pueblo soberano, que sigue conservando la ilusión de que será salvado por sus políticos inmorales, sufrirá una nueva decepción. La primera ministra alemana se negó en un primer momento cuando estalló la crisis como cosa cierta, a salvar a los Bancos y demás instituciones de préstamos. Poco le duró semejante osadía porque recibiendo presiones que los ciudadanos ignoramos, a los pocos días seguía al pie de la letra el plan iniciado por el Primer Ministro británico y EE.UU., país este último que de este modo traicionó su inveterada política de libre mercado salvando a las entidades de crédito como si fueran el Estado mismo de ese país del norte.

La clase política invirtió y seguirá invirtiendo miles de millones en insuflar dinero contante y sonante a los Bancos, y lo hacen con el descaro de asegurar que ese dinero será utilizado para otorgar créditos a los ciudadanos y a las pequeñas empresas, y de ese modo, facilitando el crédito, se superará la crisis actual. Hasta la fecha y pese a todo el dinero que se derramó sobre los inmorales, lo que han hecho ha sido sanear sus resultados financieros para salvarse de la quiebra, que es lo que cualquier atinado se imaginó que sucedería. A la gente y a las pequeñas empresas, ni un céntimo.

Más tarde decidieron “salvar” al sector del automóvil y de la construcción, y de paso, a empresas aledañas al poder, endeudadas por dedicarse a lo que no debían. La crisis de las hipotecas en EE.UU. y que luego se extendió por todo Occidente es la prueba evidente de la política de despilfarro que siempre estuvo a la vista de todos y que los ciudadanos se dedicaron su tiempo a apostar cuándo reventaría la burbuja, sin percatarse que dentro de la burbuja estaban ellos, observadores del fenómeno que a vez son los prestatarios de tales hipotecas. Es la estupidez de los ciudadanos libres que siguen otorgando credibilidad a los políticos.

Este es el New Deal de los políticos atracadores. Y lo son porque la salvación de los Bancos se hace con dinero proveniente de los impuestos que pagan los ciudadanos; es decir, que los pobres, que son la inmensa mayoría de la población, pagarán con sus impuestos la mala gestión de la banca, o lo que es lo mismo decir, que se robará a los pobres para enriquecer más aun a los ricos, con el argumento falaz que se hace para reactivar la economía nacional facilitando la fluidez del dinero a través de los préstamos que otorgarán los Bancos, algo que ni se ha hecho, ni lo veremos. Los gobiernos occidentales son el Robin Hood, a la inversa.

Los gobernantes se frotan las manos porque han encontrado una nueva vertiente para lubricar el engaño: se trata de la inflación, que desciende de una manera vertiginosa y puede llegar a cero. Lo que jamás explicarán es que tal descenso de la inflación no se debe al acierto de sus planes de recuperación, sino todo lo contrario. La inflación desciende porque  al menguar considerablemente el consumo interno a causa de la escasez de dinero, la inflación desciende, pues como decía aquel economista sajón: en Inglaterra se gastan más peniques en comprar huevos que en Escocia, y no porque en Escocia haya menos huevos, sino porque allí hay menos peniques.