
La crónica, firmada por los periodistas Josefina López McKenzie y Federico Rivas Molina, destaca en sus primeras líneas que «como tantas otras veces, el estado provincial, liderado por el peronismo durante 32 de los últimos 36 años de democracia, declaró la emergencia sociosanitaria».
Tras efectuar un detallado repaso de las agudas carencias de las poblaciones del Chaco salteño y poner de relieve el carácter entre estructural y estacional de los problemas de pobreza y salud que año tras año se multiplican en aquella parte del país, la crónica alude a Salta como una provincia «rica en recursos y poderoso polo turístico».
Sin embargo, el reportaje señala también que «las noticias de niños muertos por hambre son una constante salteña».
La situación política tan particular que se vive en Salta tampoco ha quedado fuera del análisis de los periodistas de El País, quienes han escrito que «desde el final de la dictadura militar en 1983, la provincia ha sido gobernada por diferentes corrientes del peronismo, con nombres que se repitieron durante varios períodos, como Romero y ahora Urtubey».
En lo que se refiere a la responsabilidad del gobernador recientemente cesado, Juan Manuel Urtubey, a quien por cierto el mismo diario dedicó hace algunos meses una edulcorada entrevista firmada por el periodista Carlos E. Cué, el artículo sobre los niños muertos por desnutrición en Salta dice: «Urtubey estuvo 12 años en el cargo, y al final de su mandato ocupó buena parte de su tiempo en promocionar su candidatura presidencial. Sus planes quedaron truncos por el poder electoral de la dupla Alberto Fernández - Cristina Kirchner, ganadores de las elecciones frente al expresidente Mauricio Macri».
El artículo habla también de que «la pobreza es estructural en los hogares indígenas, que tienen los peores indicadores educativos, sanitarios y sociales de Argentina, en cifras de Unicef. De ellos, los de Salta y Formosa están entre los más postergados».
Y cuenta que la semana pasada, un grupo de caciques envió una carta desde Salta a Médicos sin Fronteras (MSF) para América del Sur, para invitar a miembros de esa ONG a realizar una “misión exploratoria” en la zona, ante “una crisis humanitaria de carácter crónico”. Las últimas noticias indican, sin embargo, que MSF habría declinado la invitación, que había sido refrendada por el gobierno provincial, sin que hasta el momento se conozcan los motivos de la negativa.
No es la primera vez que Salta y sus problemas más graves aparecen con grandes caracteres en la prensa europea más seria. Desde la epidemia de cólera de 1992 hasta las cifras de asesinatos de mujeres de los últimos años, el interés que despierta Salta en el mundo parece estar relacionado solamente con atrasos, carencias o perversiones, que nos dibujan como un territorio marginal y atrasado, rendido a la voluntad omnímoda de malos gobernantes, dependiente en buena medida de otros, y con su futuro seriamente comprometido.
La precisión de la crónica de El País y la valentía de los periodistas que la han suscrito deben hacernos reflexionar y propiciar una autocrítica profunda y sosegada en Salta, en donde si bien se insinúan cambios políticos de cierta entidad, al mismo tiempo existe un serio peligro de continuidad en el poder de los grupos y las familias más poderosas, que son precisamente las que con su visión aldeana y su egocentrismo han propiciado esta vergonzosa situación que hoy tenemos que lamentar.
