
Su prematura muerte, ocurrida cuando apenas había cumplido los 46 años, ha sido recordada en buena parte del mundo occidental, con homenajes a quien lo hizo casi todo en la vida. Camus fue actor, dramaturgo, productor, filósofo, novelista, editor y también un periodista que consagró su vida a la búsqueda de la verdad.
Hace casi diez años tuve el impulso de reconstruir la agitada vida de Camus en París, a donde el filósofo llegó en marzo de 1940 desde su Argel natal, después de haber sido expulsado del periódico antifascista Soir républicain, sucesor del largamente reprimido Alger républicain.
En aquel mismo año, Camus aceptó un trabajo de editor en jefe de Paris-Soir y es en la gran capital de Francia que completará de modo brillante el primer ciclo de sus trabajos dedicados a reflexionar sobre lo absurdo y lo sin sentido (su novela L’Etranger, el ensayo filosófico Le Mythe de Sisyphe, y la obra teatral Caligula).
Recién llegado a París, Camus se instala en el hôtel du Poirier, situado en el 16 de la rue de Ravignan en Montmartre, que ya no existe más y que se encontraba en la esquina de la rue Berthe. Pude visitar este histórico sitio en diciembre de 2013, como lo documenta la foto que ilustra estas líneas. Poco tiempo después, el filósofo se trasladará al hôtel Madison, inmueble situado en el número 143 del boulevard Saint-Germain.
En aquel año de 2013 también tuve la suerte de visitar todos aquellos lugares tan románticos, como la famosa Brasserie Lipp, del 151 del boulevard Saint-Germain, en el 6º arrondissement parisino, fundada por un alsaciano a finales del siglo XIX, que era frecuentada por personajes de la talla de Ernest Hemingway, Antoine de Saint-Exupéry, André Malraux, Marcel Proust y el propio Albert Camus; y los más clásicos Café de Flore y Les Deux Magots, lugares icónicos para la intelectualidad francesa de mitad del siglo XX y centros literarios, filosóficos, culturales y artísticos de primera magnitud.
He querido recordar hoy a Camus, a propósito de una frase suya, pronunciada en 1944, en la que destaca la importancia del periodismo: «Un país vale lo que vale su prensa».
Albert Camus estaba convencido de que ninguna democracia puede sobrevivir sin unos medios de comunicación libres e independientes, comprometidos esencial y sinceramente con la verdad.
Esta evocación no puede ser más dolorosa para mí, por cuanto mi trabajo me obliga a entrar todos los días en contacto con la prensa de Salta que, más que libertad e independencia, ha perdido calidad de forma vertiginosa y, sobre todo, ha extraviado su amor por la verdad. Si es cierto lo que dijo Camus, Salta no vale más de lo que hoy vale su prensa.
Todos los días, con auténtico pavor, compruebo la desgraciada medida y extensión de nuestra salteña decadencia en los titubeos de una prensa entre militante y tramposa, que se esmera en traicionar la nobleza de un oficio que -Camus, entre otros- imaginó imperecedera.
Y no me refiero solo a los diarios, sino a un puñado de medios oficiales, mantenidos con recursos públicos pero dirigidos por periodistas de cierta trayectoria en los medios independientes, que son luego contratados con generosos sueldos. Ellos reivindican a diario todos los privilegios de su oficio junto a todas las prerrogativas que protegen la actividad de los funcionarios públicos. Viven instalados en lo mejor de dos mundos. Y lo hacen con un solo objetivo: intentar hacer pasar por verdad las mentiras que confieren sentido a su existencia.
Por cosas como esta es que siento la necesidad de expresar aquí y ahora mi admiración incondicional por Albert Camus y por su obra inmensa. Porque, en buena medida, nuestro periodista/filósofo fue un incomprendido en la Francia de su tiempo: Los intelectuales de la derecha lo consideraban como un radical y los de izquierda como una persona poco fiable, en la medida que su libertad y su sentido de la moralidad de la política le impedían encolumnarse dócilmente detrás de una disciplina de partido. Durante la guerra de Argelia, su aislamiento lo llevó al silencio y su pacifismo hizo que le tacharan de traidor los dos bandos en conflicto.
El ejemplo de Camus me compromete a seguir trabajando sin desmayos desde estas páginas, que llevan ya 23 años plantando cara al tenebroso mundo de la ignorancia, para liberar a los periódicos, a la prensa y a los periodistas de la tiranía del dinero. Y, como decía nuestro autor, «si es cierto que los periódicos son la voz de la nación, estamos decididos a alzar este país elevando su lenguaje».
Camus, como nadie, resumió la misión de este modesto sitio web, y probablemente el objetivo que da sentido moral a toda una vida de sacrificios y desvelos.