¿Son los chinos plagiadores por antonomasia?

  • Con la firma del periodista Lucas de la Cal, el diario español El Mundo ha publicado ayer un reportaje sobre el campus Ox Horn de la compañía tecnológica Huawei en Dongguan, localidad situada en la provincia china Guangdong.
  • Estereotipos inadmisibles

El reportaje en cuestión está ilustrado por una foto de agencia que muestra una parte del lago Songshan y, a su vera, varios edificios que guardan similitud arquitectónica con otros famosos que se encuentran en países europeos.


El periodista del diario El Mundo dice haberse adentrado «en el castillo chino que plagia [sic] al de Harry Potter».

Lo primero que llama la atención de esta afirmación es la insólita y gratuita atribución de plagio a los que diseñaron los cuarteles generales de investigación y desarrollo de Huawei, puesto que en ningún momento se ha sabido que los arquitectos responsables de los edificios del campus intentaran hacer pasar como propias unas obras que, por lo demás, son notoriamente ajenas.

Una copia se diferencia de un plagio precisamente en la intención específica que acompaña la segunda acción de hacer pasar, en lo sustancial, obras ajenas como propias.

Puesta en este contexto, la afirmación del periodista se puede criticar por su carga de xenofobia, ya que parece una extensión o un eco retardado de la generalizada opinión -al menos en ciertos sectores sociales poco informados de España- de que los chinos son unos falsificadores profesionales, que tan pronto pueden hacer pasar por legítimo un bolso de Louis Vuitton fabricado a granel en naves industriales del sur de China, como pueden plagiar edificios conocidos.

Pero el caso es que los chinos de Huawei, si algo han plagiado, esto no es seguramente los edificios del campus Ox Horn, pues este responde al concepto de «model village», inspirado en este caso en la arquitectura europea.

Lo que el periodista español considera apresuradamente que es una copia ilegítima del castillo de Harry Potter, es en realidad una réplica (bastante bien lograda, por cierto) del Castillo de Heildelberg, que se encuentra en Alemania -no en Inglaterra- y que está considerado como una de las estructuras del Renacimiento más importantes al norte de los Alpes.

En el mismo campus, y siguiendo la inspiración de las «model villages» hay edificios inspirados en el estilo de la Cité Internationale Universitaire de Paris y las ciudades de Český Krumlov, Verona, Budapest y Granada.

El diario El Mundo nos dice también que en el campus «hasta hay un tren que parece haber salido de la cabeza de J. K. Rowling y que te lleva desde el andén nueve y tres cuartos de la estación de King's Cross (Londres) hasta el castillo donde está la escuela de magia».

Pero da la casualidad, que el tren ni siquiera es de inspiración británica, sino que ha sido fabricado por la compañía suiza Stadler Rail para la famosa Jungfrau Railway, una especie de Tren a las Nubes europeo, ya que está considerada como la línea ferroviaria más alta de todo el continente.

Parece increíble que la potencia de China provoque tantos temores y confusiones en Occidente, pero mientras el gigante asiático siga por el mismo camino no habrá más remedio que convivir con estos estereotipos y con personas a las que solo les falta escribir que en un campus como el de Dongguan los chinos tienen también montado un bazar de «todo por un euro».