Según el gobierno de Salta, los seres humanos tenemos ‘graduación alcohólica’

  • Tener alcohol etílico en la sangre no es natural en el ser humano. Pero parece que es bastante natural para el gobierno provincial de Salta y para algunos medios de comunicación de la misma Provincia, que, cada vez que tienen que informar sobre la cantidad de ciudadanos conductores que han dado positivo en las pruebas instantáneas de alcoholemia, afirman que estas personas poseen una determinada «graduación alcohólica».
  • Abusos y errores de la comunicación oficial

Salvo para el conde Drácula, o para algún otro aficionado a beber fluidos humanos, ese líquido rojizo que normalmente circula por los vasos que irrigan los tejidos de nuestro cuerpo no tiene ‘graduación alcohólica’.


Por ‘graduación alcohólica’ o grado alcohólico volumétrico se entiende la expresión en grados del número de volúmenes de alcohol (etanol) contenidos en 100 volúmenes del producto, medidos a una temperatura de 20 ºC.

Según la Wikipedia, se trata de una medida de concentración porcentual en volumen, ya que a cada unidad de porcentaje de alcohol en el volumen total le corresponde un grado de graduación alcohólica. Así, se habla de un vino con una graduación de 13,5° cuando tiene un 13,5% de alcohol, o sea, 135 ml de etanol por litro.

Por tanto, solo se puede hablar de ‘graduación alcohólica’ en relación con bebidas alcohólicas, no en relación con la sangre de las personas humanas, que si contiene alcohol, este no se obtiene ni por fermentación ni por destilación sino por ingesta y además su concentración en el torrente sanguíneo no se mide en porcentaje o en grados, sino en gramos por cada litro de sangre.

Tener alcohol etílico en la sangre no es natural en el ser humano, y ello hasta para el borracho más impenitente. Pero parece que es bastante natural para el gobierno provincial de Salta y para algunos medios de comunicación de la misma Provincia, que, cada vez que tienen que informar sobre la cantidad de ciudadanos conductores que han dado positivo en las pruebas instantáneas de alcoholemia, afirman que estas personas poseen una determinada «graduación alcohólica».

Lo curioso es que el nivel de alcoholemia, así sea bajo o sea elevado, es absolutamente irrelevante para la ley de tráfico salteña, de modo que, de existir una «graduación», esta sería también inútil de tener en cuenta a los fines de la imposición de una sanción.

Con el alcohol en sangre sucede como con la escala de Richter, cuyos valores no expresan grados, a diferencia de la escala sismológica de Mercalli, la que, por cierto, no admite decimales.

La misma irresponsabilidad comunicativa del gobierno y de sus medios afines se advierte cuando, en lugar de hablar de seres humanos con «graduación alcohólica» se habla directamente de conductores «ebrios», «borrachos» o «bebidos», cuando ninguno de estos ha sido sometido a las pruebas clínicas y psicológicas que son necesarias para diagnosticar cualquiera de estas condiciones mentales.

Se queja mucha gente -especialmente muchas mujeres- de que son tratadas como vasijas, pero nada dicen cuando se les trata como botellas o toneles, en un abierto desafío a las normas del lenguaje y a la dignidad de las personas por igual.

Además, de ser cierto que los salteños que van por la vida circulan normalmente con una importante «graduación alcohólica», esta es la hora en que el etanol de nuestra sangre acabaría en cuestión de pocos días con el peligroso mosquito Aedes aegypti. Las picaduras a salteños embebidos en alcohol daría como consecuencia un caos en el espacio aéreo, con mosquitos extraviados y descontrolados chocando torpemente los unos contra otros, incapaces ya de chupar sangre.