
La lectura de los materiales informativos que a diario produce -y, al parecer, cada vez con menor entusiasmo- el gobierno provincial de Salta se ha vuelto una tarea penosa y sacrificada.
Si ya es difícil enterarse a qué se dedican sus funcionarios, en qué gastan el dinero público o qué resultados obtienen con sus ocurrencias, a los comunicadores a sueldo del gobierno no se les ha dado por hacer mejor cosa que torturar a los ciudadanos que a diario acuden a las noticias oficiales, y no porque les gusten cómo están escritas, sino para enterarse de lo que cualquier ciudadano debe enterarse en una democracia.
Al ya clásico mal uso de preposiciones y adverbios, se une ahora la insufrible distorsión de algunos verbos que se emplean para describir acciones de forma imprecisa, quién sabe si para desviar la atención del que intenta informarse.
Es casi imposible reunir a todos los verbos mal empleados en un simple escrito como este. Por eso es que hemos preferido seleccionar unos pocos que nos sirven para poner de manifiesto la elevada imprecisión de la escritura gubernamental, que apenas es ligeramente menos imprecisa en el caso de los documentos oficiales, como contratos y decretos.
Comenzaremos con el verbo ingresar, empleado hasta la náusea como sustituto pretendidamente culto de los verbos meter, entrar o introducir.
Así por ejemplo, cuando una persona llena una botella con cocaína para meterla de forma clandestina en la cárcel, lo que intenta no es ingresar la droga a la prisión sino más bien introducirla.
Algo parecido sucede cuando se pide a los lectores ingresar a una determinada página de Internet. Lo correcto es pedirles que accedan a ella; o mucho más simplemente, que entren.
De la misma forma -aunque no se trata del verbo sino del sustantivo- la comunicación oficial habla de ingresos a la ciudad para referirse a los accesos, palabra con la que se designa a estas vías en casi todos los países en los que se habla y escribe el español.
Iniciar, comenzar y empezar sin dudas son sinónimos. Aunque algunos prefieren utilizar arrancar, que no es sinónimo de los anteriores, la preferencia por el omnipresente verbo iniciar no se encuentra plenamente justificada. Menos justificado está todavía el empleo del mismo verbo como intransitivo no pronominal: inicia el calendario de vacunas o inicia la sexta edición del festival del ocote.
Por razones todavía no suficientemente estudiadas, se tiende a dejar en el armario al verbo comenzar, que tiene sobre iniciar la ventaja de que puede ser utilizado tranquilamente como verbo intransitivo no pronominal (comienza el calendario de vacunas o comienza la sexta edición del festival del ocote).
Si los interesados en obtener información sobre un curso deben concurrir a un lugar determinado, es que nadie que vaya solo a una oficina y no se junte con otros en el mismo lugar y en el mismo tiempo podrá hacerse con la información que busca. Lo correcto en la mayoría de casos es escribir acudir (y no concurrir), ya que la principal acepción del primero de estos verbos significa: ir al sitio adonde le conviene o es llamada.
Podemos concurrir a una función teatral, a un partido de fútbol o a una manifestación, pues son estas actividades en las que se supone habrá otras personas con las que nos juntaremos en el lugar. Pero difícilmente podamos concurrir a una oficina pública a pedir un certificado en el que solo nosotros estamos interesados.
El gobierno cree que usando en sus escritos las palabras más difíciles; es decir, prescindiendo de las más fáciles (más precisas y comprensibles) el ciudadano percibirá que gobierna mejor o que son más cultos o inteligentes los que gobiernan. Pero el resultado es exactamente el contrario.
No por escribir refuncionalizar (en vez de reformar) el ciudadano se va a tragar que el gobierno hace las cosas mejor de lo que las hace.
Lo mismo sucede con aguardar por esperar, direccionar por orientar, influenciar por influir, recepcionar por recibir, brindar por impartir, optimizar por mejorar, concientizar por concienciar, acondicionar por arreglar o limpiar, o con el abuso del verbo mitigar, empleado hasta el cansancio en lugar de verbos más fáciles de comprender como moderar, aplacar, disminuir o suavizar.
Debemos exigir que las comunicaciones que dirige el gobierno a los ciudadanos sean escritas no solo de forma correcta sino también de forma simple y comprensible al mismo tiempo.
La comunicación críptica no hace mejor cosa que poner de manifiesto los graves complejos culturales de quien elabora una pieza de información para sus semejantes. Las palabras mal empleadas deslucen sin dudas la actividad del gobierno y dejan en muy mala posición a sus funcionarios, incluso cuando estos ni siquiera han abierto la boca.