Los funcionarios de Urtubey no solo enseñan a los criollos a criar llamas

  • Un encuentro privado destinado a analizar el fenómeno de la comunicación digital anuncia que el tema de las redes sociales será 'abordado' por un burócrata empleado del gobierno. Del mismo gobierno que ahoga las libertades individuales en la Provincia de Salta.
  • Una gran paradoja
Los otros días pude leer en estas mismas páginas un interesante artículo en el que se criticaba muy finamente la propensión de los funcionarios del gobierno de Salta a enseñar a los ciudadanos determinadas cosas que estos últimos saben mucho mejor que los primeros.

En efecto, parece ser que el solo hecho de convertirse en funcionario confiere una especie de habilitación para enseñar, cuando en la gran mayoría de los casos muy sabido es que el Gobernador coloca a unos y a otros en su abultada Administración para que aprendan el socorrido oficio de burócratas.

Pero ellos no se enteran mucho del favor pedagógico que el Gobernador les ha hecho, y nada más asumir su cargo ya se sienten por encima del ciudadano normal y pretenden darle lecciones de esto y de aquello.

Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que a la hora de saber, los funcionarios elegidos por el gobernador Urtubey saben muy poco. Pero a la hora de presumir, presumen demasiado. En síntesis, que la humildad no es precisamente una de las virtudes que adornen sus inquietas personalidades.

Volviendo al artículo en cuestión, advierto que el mismo se queda un poco a mitad de camino en cuanto a las materias en las cuales el funcionario de turno se declara competente para enseñar. Efectiavamente, esta mañana descubro con cierto asombro que los hombres a sueldo del Gobernador, pertenecientes a su círculo áulico, no solo enseñan oficios ancestrales sino otros que lo son un poco menos, como el de community manager.

No me asombra por supuesto que el gobierno de Salta, que ha llegado solo ayer a la redes sociales, pretenda impartir cátedra a quienes llevamos mucho más tiempo dando vueltas en el ciberespacio, sino que me llama la atención que una organización privada, conformada por personas a las que se supone aplicadas y curiosas, intensamente motivadas por el fenómeno, convoquen para abordar el tema a un burócrata, a un sujeto que defiende intereses de partido o de parcialidad política y que jamás, desde que pisó territorio nacional, ha demostrado preocupación alguna por las libertades de sus semejantes.

Considero un error, llamémosle «técnico», que una materia tan importante para la libertad y para el futuro de las redes y de quienes las utilizan sea confiada a un expositor empleado del gobierno.

Los que nos «enredamos» muy pronto en las redes sociales (en mi caso y por mi condición de radioaficionado, hace más de cincuenta años) recordamos a cada uno de los que llegó al redil después que nosotros. Los conocemos bien, simplemente porque los balbuceos y las tartamudeces en sus primeros tuits son inolvidables. Como también lo son los escraches, los insultos y los fusilamientos verbales que estos mismos neófitos protagonizaron activamente una vez que le fueron «agarrando la mano al invento».

Contratar a un sicario verbal para ilustrar al personal sobre las redes sociales equivale a designar a un pirómano al frente del Cuerpo de Bomberos, o a un experto en tijeras al mando del Instituto de Cinematografía. Pero esto es el gobierno de Salta y no hay que sorprenderse de que funcione de esta manera.

Aunque quizá, si en vez de ver el vaso medio vacío lo vemos medio lleno, podríamos ilusionarnos con la posibilidad de que un expositor de estas características nos pueda ilustrar acerca de temas tan importantes como por ejemplo cómo convertir en basura todo lo que uno toca, cómo falsear la verdad hasta extremos insospechados, cómo organizar redadas para arrojar piedras a los disidentes y cómo intoxicar las redes con una miríada de perfiles falsos, todos ellos alineados sospechosamente con el poder.

Creo que el elegido por el gobierno, así como puede revelarnos las claves de su veloz aprendizaje, puede convertirnos también, en pocas sesiones, en unos auténticos doctores en estas espinosas materias.

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