¡Y dale con lo del trabajo genuino!

  • La expresión 'trabajo genuino' es imprecisa y escasamente utilizada en la literatura especializada extranjera. Se utiliza en la Argentina, a menudo, para sustituir a la expresión 'trabajo decente', un concepto acuñado por el Consejo Económico y Social de la Organización de las Naciones Unidas y luego reelaborado por la Organización Internacional del Trabajo.
  • El mal uso del lenguaje
Una de las mejores cosas que podrían hacer los candidatos en esta campaña electoral es sacudirse de una vez el uso de la expresión «trabajo genuino» como equivalente a «trabajo decente» o, simplemente, a «trabajo».

Cuando la sociedad reclama que se creen nuevos empleos (para que la gente pueda trabajar y tener de qué vivir) jamás piensa en que los requeridos (empresarios privados o Administración pública) van a crear puestos de trabajos falsos o apócrifos.

Por definición, el «trabajo no genuino» es un contrasentido, un oxímoron, ya que sólo se puede entender por tal aquel vínculo en el que alguna de las partes no hace realmente lo que debe. Por ejemplo, cuando alguien figura como empleado en algún lugar y no presta servicios, o cuando la empresa no paga los salarios. Se puedan dar, lógicamente, las dos cosas al mismo tiempo.

Por tanto, hablar de «trabajo genuino» es un pleonasmo.

Cuando las personas reclaman al gobierno que cree empleo, lo que le piden es que estimule la contratación por parte de las empresas o que amplíe los puestos de trabajo públicos. Nadie en su sano juicio le pide que se invente trabajos truchos (los no genuinos) para que la gente se quede contenta, sin trabajar y sin ingresar un solo centavo a fin de mes.

El problema estriba en el alegre empleo del adjetivo «genuino». De «trabajo genuino» habla incluso la Iglesia Católica, que se supone tiene en sus cuadros a personas que algo saben sobre el significado de las palabras.

En la literatura especializada, el concepto de «trabajo genuino» no solo es una rareza, sino que es también una expresión con una fuerte carga de imprecisión, que se emplea por lo general para referirse a lo que en los sistemas comparados de relaciones laborales se llama «decent work» o «trabajo decente».

Incluso esta última expresión es contestada desde muchas posiciones doctrinales por el hecho de que cualquier trabajo, con independencia de su contenido o formulación, debería ser «decente».

Hablar de «trabajo genuino» por oposición a «trabajo no genuino» y de «trabajo decente» por oposición a «trabajo indecente» supone cohonestar una segmentación no deseada del mercado de trabajo, cuando no dar ideas a los empleadores.

Se sobreentiende que el que pide por trabajo lo que quiere es un trabajo auténtico, sin falsificaciones, y a la vez un trabajo digno y decente. La gente necesitada no anda diciendo por allí: «vengo a ver si usted me puede dar un trabajo decente y si por casualidad no le queda de ése, a ver si me puede dar aunque sea un trabajo indecente».

El candidato que quiera pasar papelones y meterse en berenjenales teóricos de los que difícilmente se puede salir sin colocarse al borde del ridículo, puede tranquilamente seguir reivindicando eso del «trabajo genuino».

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