Heroínas y mártires... ¿o mártiras?

  • La ley nacional que instituye el 12 de julio como Día de las Heroínas y Mártires de la Independencia de América incurre en un visible defecto de género en su formulación gramatical. El defecto induce a confusión.
  • Una ley absurda
La ley argentina 26277 debe de ser una de más breves del mundo, sino la que más: solo 38 palabras, tres líneas, 231 caracteres, incluidos los espacios, y 191 si se los quitamos.

Su contenido es muy similar a una norma que se limitara a decir, por ejemplo, «Viva Boca». Y en caso de que esta última existiera, tendría el mismo efecto jurídico.

El que escogió el nombre del día de las heroínas se equivocó muy feo al incluir también a «mártires», pues, a diferencia de «heroínas», este sustantivo se aplica tanto al género masculino como al femenino.

¿Ha querido el Congreso Nacional honrar en este día a las heroínas (mujeres), por un lado, y a l@s mártires (sean mujeres y hombres), por el otro?

Es muy poco probable que así haya sido.

Más razonable es pensar que el homenaje se dirige a «las» mártires; es decir, a aquellas mujeres que han muerto o sufrido grandes padecimientos en defensa de sus creencias o convicciones; pero no a lo largo de la historia, sino solamente con ocasión de la independencia de América.

Como en materia legal rige el principio Ubi lex non distinguit, nec nos distinguere debemus (allí donde la ley no distingue, tampoco debemos hacerlo nosotros), es claro que hoy, día 12 de julio, también podemos -legalmente- celebrar a Martín Miguel de Güemes, el único general de la Nación con mando de tropa muerto en combate durante las guerras de la independencia. Un mártir, en el más preciso sentido de la palabra.

Digamos que la ley nos confiere un derecho subjetivo en tal sentido.

Si la 26277, en lugar de ser una ley «festiva», como lo es, fuese el Código Penal, su interpretación tendría que ser rigurosamente literal y extenderse, por tanto, el homenaje a los mártires masculinos.

No se trata de un arrebato machista ni mucho menos. Más bien se trata de poner de relieve el deficiente uso de las palabras en una norma sancionada (probablemente de forma inútil) por el Congreso de la Nación, cuyo cometido democrático como institución fundamental de la Nación consiste en elaborar normas claras, que no se presten a confusión ni a interpretaciones sesgadas.

Bastaba en la gran mayoría de los casos con honrar a las heroínas (personas ilustres y famosas por sus hazañas o virtudes, o personas que han llevado a cabo una acción heroica). Y si lo que se proponía el Congreso era honrar también a aquellas mujeres, sin haber llevado a cabo ninguna hazaña o acto heroico, padecieron horrores durante aquel periodo histórico, debió haber utilizado otro sustantivo claramente femenino (por ejemplo, «sacrificadas») o aclarar que la celebración se refiere exclusivamente a «mujeres mártires»; es decir, excluyendo expresamente a los hombres que hubiesen sufrido martirio.

Llegado el caso, el Congreso podría haberse aventurado con la inexistente palabra «mártiras».

Puede que parezca superfluo entrar en detalles de este tipo, pero cualquiera que no haya estado cerca de los trabajos parlamentarios preliminares a la sanción de la ley puede entender que los hombres no están excluidos de este homenaje legal, cuando casi todo (excepto las palabras) indican que sí lo están.

Si lo que se quería era destacar a las mujeres que sacrificaron su vida por la independencia de sus países, lo mejor que se podía hacer para homenajearlas era excluir toda posibilidad de confusión, utilizando correctamente las palabras.

Quizá lo que ha querido el Legislador al haber dejado abierta esta puerta a la ambigüedad sea reivindicar de antemano su potestad para elaborar, de forma exclusiva y soberana, el martirologio de la independencia nacional; es decir, hacer una lista o confeccionar un catálogo de las víctimas de una causa. Si esto fuese realmente así, de aquí a 2088 hay que esperar unas 1.500 leyes individuales que declaren el martirio o la heroicidad de fulano o mengana, como ya se hizo con Güemes, que por cierto, no era ningún fulano sino un héroe con todas las letras, que no necesitaba ni necesita leyes que así lo certifiquen.

En resumen, que una forma tonta de entender la relación entre las palabras ha privado a los argentinos de celebrar, sin confusiones ni interpretaciones, el «Día de las mártires y heroínas de la Independencia Americana».