
Cuenta la leyenda, que el viejo Jeffrey Haarwood, presidente del Institute for the Preservation of Motion Pictures Costumes and Wardrobes, ante la sugerencia de que esa venerable institución fuera llamada por sus siglas IPMPCW, dijo con toda convicción que prefería que la llamaran simplemente «The Institute».
La simplicidad y, en ocasiones, la brevedad, son aspiraciones del lenguaje. Comunica mejor quien emplea menos palabras. Al menos eso dicen.
De allí que se haya generalizado el uso de las siglas, que no son más que abreviaciones gráficas en las que intervienen, por lo general, el conjunto de letras iniciales de una expresión compleja.
Pero no siempre la combinación de letras es feliz, ya que muchas veces por construir una sigla nos inventamos una expresión inconveniente o impronunciable.
Para no irnos demasiado lejos, vamos a señalar dos siglas francamente horribles e impronunciables, que afectan al mundillo judicial. Son: FOFECMA y JUFEJUS.
La primera parece una enfermedad; más concretamente, un eczema que padece un gordo («me ha salido un fofecma a la altura de la axila)». La segunda parece una marca de jugos de fruta («Mozo, sírvame un jufejus de frutilla y mango»).
Pero no son ni lo uno ni lo otro. FOFECMA es la abreviación de Foro Federal de Consejos de la Magistratura y Jurados de Enjuiciamiento, mientras que JUFEJUS lo es de Junta Federal de Cortes y Superiores Tribunales de Justicia de las Provincias Argentinas y Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Es un poco extraño que estas instituciones, a las que se supone expertas en Derecho, ignoren que siendo lo federal un orden político excepcional, los únicos órganos federales que existen y pueden existir son los que están previstos como tales en la Constitución nacional.
Allá ellos si no lo saben. Lo que no queda muy elegante que digamos es que todo un señor magistrado le diga a su mujer: «Querida, preparame la camisa, que tengo que pasar primero por JUFEJUS y luego sentarme en el FOFECMA».
Sucede también con otras siglas que suenan bien, pero que sus sílabas ordenadas de otro modo nos pueden dar algún dolor de cabeza. Por ejemplo, FEDECAR, que tiene las mismas sílabas que DEFECAR.
Mal haría, desde luego, un organismo llamado Sistema de Observación Bursátil en utilizar las siglas S.O.B. que en inglés constituyen un insulto muy conocido. Es más o menos como que el Hospital del Pacífico usara las siglas H.D.P.
Twitter y Facebook han arruinado el futuro de algunos promisorios negocios mineros, como la Liga Panamericana Química de Talio y Plomo, al permitir a sus usuarios hacer abuso de las siglas #LPQTP y otras similares, como #WTF, #OMG o #LOL.
Otro error en las siglas es repetir las letras, como sucede en el caso de A.T.T.T.A, la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de la Argentina. Como que aparezcan más opciones sexuales, las siglas pueden hacerse interminables o repetitivas.
Por el mismo camino (el del mundo gay) va la Policía de Salta, que en lugar de llamar a sus fuerzas de élite con nombres sencillos (como Grupo Especial de Operaciones, por ejemplo) se le ha dado por llamarlas Grupo Especial de Intervenciones Policiales (GEIPOP).