Capacitaciones de cuarenta minutos en Salta

La acción de «capacitar» consiste en hacer a alguien «apto», en habilitarlo para algo. Apto, por su parte, es aquella persona idónea, hábil, a propósito para hacer algo.

Por el contrario, el verbo «formar» designa la acción de «preparar intelectual, moral o profesionalmente a una persona o a un grupo de personas». En lo que aquí interesa, la formación profesional no está exclusivamente referida a las tradicionales profesiones liberales, como erróneamente se piensa, sino a los conocimientos necesarios para el ejercicio de cualquier empleo, facultad u oficio capaz de proporcionar a quien la ejerce una retribución.

Como se puede observar con facilidad, entre capacitar y formar hay diferencias conceptuales importantes, pues no es lo mismo preparar intelectual o profesionalmente a una persona que hacerla apta y hábil para hacer una determinada cosa.

De esta diferencia fundamental se desprende, para empezar, que el sujeto «formado» no asegura un resultado determinado en su desempeño profesional, mientras que el «capacitado» necesariamente debe ser capaz de hacer aquello para lo cual ha sido capacitado.

Pongamos un ejemplo: una persona capacitada para apagar incendios debe ser capaz de apagarlos, sin margen para el error o el fracaso; una persona formada para apagar incendios tiene los conocimientos para hacerlo y puede intentar apagarlos, sin que en ningún caso se pueda presumir que los apagará efectivamente.

Si formar a una persona requiere normalmente el empleo de abundantes recursos y de un tiempo apreciable, capacitar a alguien -un objetivo bastante más ambicioso- requiere de mucho más recursos y de mucho más tiempo; entre otras cosas, porque el «capacitador» se tiene que asegurar de que, al final del proceso, el «capacitado» es realmente capaz de hacer aquello que ha sido objeto de la «capacitación».

Las capacitaciones express del gobierno de Salta

A menudo, las comunicaciones oficiales del gobierno de Salta nos dan cuenta de capacitaciones dirigidas a estudiantes (u otros colectivos), al cabo de las cuales los asistentes a las charlas ya están aptos para prevenir -por ejemplo- situaciones de violencia de género. Estas charlas suelen durar entre 45 y 90 minutos.

Teniendo en cuenta que en los tribunales de justicia la calificación de un hecho determinado como violencia de género usualmente lleva meses de debate contradictorio, pretender que un estudiante secundario de Rosario de Lerma, apalabrado durante una hora o un poco más, sea capaz de encuadrar sin posibilidad de error un hecho determinado dentro de la definición legal de violencia de género, no solo es pretencioso sino que se podría decir que es casi imposible.

Lo normal, es que al cabo de una charla de una hora, el asistente (sobre todo si es joven) tenga más dudas que certezas. Pero al gobierno de Salta esto no le importa, y diez minutos después de concluida la charla no tiene empacho en decir que los oyentes ya están capacitados para hacer las cosas más delicadas que uno se pueda imaginar.

En el fondo, de lo que se trata es de eludir la responsabilidad que cabe al gobierno cuando se producen sucesos irreparables. Es la filosofía del Observatorio de Violencia Contra la Mujer de Salta: «Nosotras ya hemos capacitado a la Policía en esta materia; luego, si matan a las mujeres, ya no es culpa nuestra. Nosotras ya hemos cumplido».

Las exageraciones del gobierno con sus capacitaciones fulminantes llegan a ser preocupantes cuando se anuncia, por ejemplo, que 300 trabajadores sanitarios fueron capacitados «en higiene hospitalaria y manejo de normas de bioseguridad».

Un anuncio de esta naturaleza preocupa por el hecho de que la población se entera de que antes de la charla, los 300 trabajadores sanitarios no eran aptos para controlar la higiene hospitalaria y nulos en materia de aplicación de normas de bioseguridad. El paciente que fue operado el mes pasado en el hospital público debe de temblar frente a una revelación como esta. «¿O sea que yo fui atendido por gente que no tenía idea de estas cosas?», se preguntará el postoperado.

Pero es preocupante también por el hecho de que materias tan críticas para la salud sean resueltas con tanta rotundidad por el gobierno. Si es verdad que los 300 agentes capacitados, a partir de la charla, pueden prevenir sin margen de error las infecciones intrahospitalarias, cuando se produzca una de estas infecciones, el gobierno podrá ser demandado judicialmente por el afectado o por sus familiares, porque quienes eran capaces de evitar estas infecciones al final no las evitaron.

Las capacitaciones ligeras del gobierno de Salta no solo son preocupantes, sino -como se puede ver- también peligrosas.