La comunicación incremental del gobierno de Salta

mt_nothumb
El gobierno que dirige Urtubey se asemeja cada vez más a una gigantesca máquina de vapor que fabrica un producto perfecto, soñado durante décadas por los téoricos más potentes del contrataylorismo: la improductividad absoluta.

Como se trata de una máquina un tanto antigua, achacosa y contaminante, el producto en realidad es perfecto solo desde un punto de vista teórico, pues en el plano de la pura realidad adolece de algunos defectillos que luego la comunicación oficial se encarga de pulir, para presentarlo después envuelto en un prolijo papel celofán.

El propósito de estos activistas de la comunicación pública es dar al ciudadano la idea de continuidad y forjar la imagen de un gobierno en perpetuo movimiento. Lo cual tiene un mérito enorme, si se tiene en cuenta que se trata de un gobierno inmóvil, afectado por una parálisis que primero es mental y solo después motriz.

Así por ejemplo, no son infrecuentes las noticias que nos hablan de que el gobierno provincial de Salta «profundiza acciones», «intensifica gestiones», «prosigue sus beneficios», «acentúa su presencia», «mejora calidades», «avanza soluciones», «fortalece políticas»... y así un largo etcétera de expresiones verbales usadas hasta la saciedad para deformar la verdad y alterar la naturaleza de las cosas.

Según esta estrategia, el gobierno de Urtubey no retrocede nunca, jamás fracasa. Siempre va para adelante, victorioso como Aníbal, bochornoso como Coppolo. Todo va a mejor, como si la justicia social pedaleara sobre una bicicleta de piñón fijo.

Pueden aumentar de forma escandalosa, como de hecho sucede, las cifras de la pobreza; se pueden abatir plagas y enfermedades sobre la población, multiplicarse los hechos criminales y asistir los ciudadanos a un espectáculo orgiástico de corrupción generalizada en el poder, que las noticias oficiales dirán un día que el gobierno «profundiza acciones» y a la semana siguiente que las acciones ya profundizadas se hicieron más y más profundas todavía. Y así sucesivamente, sin que el ciudadano adivine nunca hasta qué honduras se puede llegar.

Pero este es el gobierno de nunca acabar, porque de tanto profundizar y profundizar, algún día un ministro sacará la cabeza en la China, después de haber atravesado sin inmutarse el centro de la tierra, y sin haber leído siquiera una línea de Julio Verne.

La falsa sensación de continuo movimiento es característica de todos los gobiernos autoritarios que aspiran a perpetuarse en el poder. Un objeto que se mueve en el espacio infinito también dispone de un tiempo infinito para llenar todos los huecos posibles. Mientras siga habiendo huecos por llenar, el poder está prácticamente asegurado.

Detrás de esta defensa cerrada de la continuidad como elemento legitimador del mando se disimula un combate feroz por el sueldo mensual que muchos de los que se inventan el movimiento perpetuo piensan que perderán si el poder cambia de manos. Se ha visto a leonas defender a sus crías con menos entusiasmo que estas bestias salvajes defienden sus puestos de trabajo y sus prebendas que todos los días se «profundizan» al cobijo del presupuesto público.

Hay que entenderlos, muchos de ellos, cuando eran niños, solo podían morder una chancaca. Ahora que ha venido este gobierno que les ha dado pan y les ha permitido mandar a sus hijos a carísimos colegios bilingües, ¿por qué arriesgarse a que la verdad lo arruine todo?