Proyecto municipal para 'recuperar' el edificio de la Palúdica en Salta

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El Intendente Municipal de Salta, señor Gustavo Sáenz, ha visitado «el edificio de la ex Palúdica» (el gobierno de Salta, en una circunstancia parecida, habría escrito el «ex edificio de la Palúdica»).

Lo hizo junto al presidente de la Agencia de Administración de Bienes del Estado, señor Ramón Lanús, con quien también recorrió la zona de la estación ferroviaria de Salta.

La información municipal dice que Sáenz y Lanús «analizaron proyectos para mejorar la funcionalidad de la zona, sin perjudicar la actividad ferroviaria». Se refiere, claro está, a la estación de trenes, ya que en la Palúdica no hay, al menos de forma visible, actividad ferroviaria alguna.

Añade la comunicación municipal que Sáenz ha propuesto el visitante crear en el viejo edificio de la Palúdica el Museo Nacional de Folklore.

Podría erigirse allí un moderno centro de salud, una casa cuna o incluso un centro de recepciones oficiales del Estado, pero los argumentos de Sáenz para avalar la erección en este lugar de un impostergable museo folklórico son para tener muy en cuenta.

Los argumentos, ordenados secuencialmente y numerados, son los siguientes:

1) El edificio se encuentra a pocas cuadras de la Plaza 9 de Julio;

2) Es el lugar ideal para instalar el Museo Nacional del Folklore;

3) Somos una ciudad de cantores y poetas;

4) No tenemos un museo de nuestra música.

Con estos argumentos, el museo que sueña Sáenz puede ser no solo de folklore, sino también de la empanada, del guaschalocro, del guardamonte, del poncho, del churqui pinchudo o del hueso con caracú. Cualquier cosa es buena si está a pocas cuadras de la Plaza 9 de Julio, y más todavía si se tiene en cuenta que cruzando el canal está el elitista Club 20 de Febrero.

Añade Sáenz: «No queremos dejar sin lugar de trabajo a quienes están allí, pero podemos darle mayor funcionalidad», con lo cual, los señores y señoras que actualmente ponen vacunas y firman certificados en el viejo edificio, podrán abandonar la bata de enfermeros a determinadas horas, calzarse un traje de gaucho, y en su tiempo libre dar conciertos de baguala a los que visiten el museo.

El señor Lanús, que prácticamente ha mordido el anzuelo, ha dicho por su parte que “el edificio es muy grande y no se encuentra en buen estado. El servicio de salud que funciona en el lugar ocupa solo un sector y el resto está desocupado. Tenemos que pensar en un mejor uso del edificio y ver la posibilidad de articular el Museo del Folklore y el servicio de salud”.

La única articulación posible, además de la sugerida más arriba, consiste en crear un Museo Nacional de la Salud Folklórica, en el que podrían exhibirse, por ejemplo, al lado de las partituras de las grandes obras, una placa torácica que muestre los pulmones de los autores o su historia clínica.