
Esta semana, los argentinos han tenido ocasión de conocer la fotografía oficial de la reunión cuatripartita entre los gobernadores Juan Manuel Urtubey y Juan Schiaretti; el senador nacional Miguel Pichetto y el líder del llamado Frente Renovador, Sergio Massa.
Los cuatro tienen en común no solamente su rechazo por el kirchnerismo, sino el haber sido ellos mismos kirchneristas, con la probable excepción del gobernador Schiaretti.
La reunión de los cuatro magníficos (los cuatro jinetes del apocalipsis, según otros) estuvo marcada por la ausencia total de mujeres. No porque entre las filas del peronismo (ahora) no kirchnerista no haya mujeres sino porque las que hay no merecen un lugar en la foto.
Para decirlo en otras palabras, que en las filas de este nuevo peronismo con sabor a rancio no hay una Michetti ni una Vidal ni una Stanley ni una Largarde (el más reciente fichaje macrista para su equipo económico). Y si las hubiera, bien guardadas estarían.
Podría haber sido la hora de Victoria Donda, pero esta señora salió huyendo casi en el mismo momento en que escuchó el aterrador nombre de Urtubey entre los adalides del presunto nuevo peronismo.
No en vano, Urtubey gobierna la Provincia argentina en donde más mujeres se matan salvajemente y en la que las féminas están peor protegidas contra la violencia machista. No es extraño, pues, que en una cumbre de estas características ninguna mujer se haya animado a poner el cuerpo.
Urtubey está además sospechado de haber utilizado su segundo matrimonio como trampolín político y como reclamo de marketing, lo cual, con independencia de la actitud que pudiera haber adoptado su segunda esposa, es considerado por amplios sectores del feminismo argentino como un acto machista, instrumentalizador de la mujer y del matrimonio.
Las críticas se han cebado con Urtubey por haber «reproducido» sin que nadie se lo pidiese una supuesta opinión de su esposa sobre el denominado «poliamor», en la que la señora de Urtubey responde a la curiosidad de su esposo sobre la materia diciendo: «Y... yo te cago a palos».
Hasta ahora, se sabía que el malhablado de la pareja era el Gobernador de Salta, pero ahora el gran público parece haberse dado cuenta que su esposa tampoco tiene un rosal a flor de labios. Siempre, a juzgar por las malsonantes palabras que el galán ha puesto en boca de la dama.
Y lo que es peor: la respuesta parece naturalizar la violencia física en el seno de la pareja.
Con todo este panorama, las mujeres del peronismo de rostro amable han salido disparadas en todas las direcciones y no han podido sentarse con Schiaretti, Pichetto, Massa y Urtubey, el único que no porta apellido italiano entre los líderes visibles de un peronismo al que le faltan, claramente, lideresas.