Romero compara la ‘destrucción’ de Salta durante Urtubey y Kirchner con la de la Europa de posguerra

  • El senador nacional por Salta sorprende por sus precarios conocimientos de historia y por su revelación de que Urtubey se dedicó a ‘hacer política’ y no a gobernar durante sus tres mandatos.
  • Entrevista a un hombre de otro siglo

El senador Juan Carlos Romero nació en 1950, cuando la televisión estaba dando sus primeros pasos en el país y Juan Domingo Perón empezaba a tener algunos problemas en su intento -exitoso hasta 1947- de cerrar la Argentina al mundo, ante el temerario cálculo -felizmente errado- de que la Europa desgarrada no iba a poder recuperarse de las graves secuelas de la guerra.


Pero fue nada más nacer Romero en Salta -que ya es mucho decir para la historia- que las cosas comenzaron a enderezarse milagrosamente en Europa y a torcerse para el peronismo, que apenas pudo mantenerse a flote tras la muerte de Eva Perón en 1952.

El resto es historia conocida: la erección de los modernos Estados del Bienestar, las primeras Comunidades Europeas, la expansión espacial de la democracia, la caída del Muro de Berlín y los tres periodos de gobierno enhebrados por Romero en su Provincia, gracias a dos reformas sucesivas de la Constitución de Salta, que luego fueron seguidos por otros tres de Urtubey, que solo fueron posibles gracias a Romero y a sus reformas «contraeuropeas».

Ahora cuando Salta asiste a su propio desquicio, Romero compara la «destrucción» de la Provincia que gobernó con la que experimentó Europa durante la gran guerra. El exgobernador dice, por supuesto, que no fueron sus políticas la que propiciaron la debacle, sino más bien las de los Kirchner, que es lo mismo que decir que las de Urtubey, pues fue él quien las ejecutó, en algunos casos, y en otros permitió que se ejecutaran.

«Solo faltaron los muertos y los edificios destruidos», le dijo Romero a un empalidecido Carlos Pagni, que lo entrevistaba amablemente pero que no parecía muy convencido de que la Salta de la segunda década del milenio haya sido parecida al Berlín de mayo de 1945.

En su discurso crítico -aunque no demasiado reflexivo- Romero llegó a inventarse una palabra: «ortimismo», vicio que atribuyó sin dudar al ingenuo gobierno de Mauricio Macri; si bien no se sabe si con el malsonante neologismo quiso decir que el Presidente está muy confiado en sus políticas, aunque las cosas le vayan «como el culo». Pagni estuvo flojo al no preguntar.

Tan condescendiente estuvo el entrevistador, que Romero se dio el lujo de eludir una cita histórica que él mismo había propuesto segundos antes, al decir que en el 2019 gobernarían todos los que ahora están en la cárcel, porque en la Argentina -vaticinó- pasará «como en la revolución de...» (Romero no se acordó, se quedó en blanco y no pudo mencionarla) que «se abrirán las cárceles». Probablemente tuvo en mente a la Revolución Francesa, pero con esa precisión histórica y la mente ágil que lo caracteriza se acordó instantáneamente que aquel 14 de julio en la Bastilla solo había siete presos; es decir, menos que en la Comisaría de Cerrillos.

En su disertación histórica, Romero dijo con tono doctoral que «en 1853 se establecieron los fueros» (se refería a las inmunidades parlamentarias), aunque la verdad es que las constituciones anteriores de 1819 y de 1826 ya los habían previsto, siguiendo la tradición del constitucionalismo de la época. La primera en su artículo 26, la segunda en su artículo 37.

Pero es que además, Romero dio a entender que los «fueros» en su versión original protegían al parlamentario no solo de «ir preso» sino también de «estar muerto». Esa sí que es una revolución del constitucionalismo y no macanas.

No obstante estos pequeños patinazos, Romero dio una clase magistral sobre los privilegios parlamentarios; especialmente sobre la pérdida de la inmunidad en relación con la persecución penal. Si bien el exgobernador de Salta se refirió en todo momento a la anterior Jefa del Estado -senadora, como él- podía haber pronunciado tranquilamente su discurso en primera persona del singular, pues él eludió cuanta citación y requerimiento judicial le efectuaron los jueces de la Provincia que gobernó durante 12 años, sin ninguna consecuencia, ni política ni penal.

Urtubey

Romero tuvo un momento de lucidez cuando le preguntaron por los pros&cons de su sucesor, Juan Manuel Urubey.

En la columna del haber, Romero apuntó con cierta hesitación «la habilidad de Urtubey para hacer política», mientras que en la del debe, sin dudar, dijo: «Urtubey no se dedicó a la gestión, y él mismo lo dijo. Delegó funciones y solo ahora está intentando ordenar la Provincia, con gente que perteneció a mi equipo económico» (en clara referencia a Fernando Yarade).

Si es verdad lo que Romero dice -y no hay por qué dudar de él, porque no está hablando de la Revolución Francesa ni de los fueros supuestamente inventados por los constituyentes de 1853-, los salteños votaron tres veces como Gobernador a un señor que se dedicó todo el tiempo a hacer otra cosa bien diferente a gobernar.

Este juicio explica por sí solo la comparación que hizo Romero entre la destrucción de Salta y la de Europa tras la Segunda Guerra Mundial, aunque en ningún caso el senador vitalicio por Salta dijo por qué permitió durante 12 años que Urtubey hiciera lo que le dio la gana ni dónde se encontraban ocultas sus «fuerzas de consenso» cuando aquella escandalosa situación de desgobierno estaba acabando con el orden y la prosperidad en Salta.