
Tras innumerables peregrinaciones al santuario de Nuestra Señora de los Engaños, el diputado nacional Andrés Zottos ha decidido poner fin a su militancia en el Partido Renovador de Salta y salir del armario.
Cualquiera que lo haya visto en esos misachicos de secano, con los pantalones arremangados para cruzar el río, se daba cuenta de que el hombre era un peronista atrapado en el cuerpo de un renovador.
No hicieron falta en este caso ni la cirugía ni el bombardeo hormonal; bastó una simple autopercepción de su íntima consideración peronista, para que el hombre, que cantaba la marcha con el mismo acento tartagalense con que la cantaba, hace 46 años, su paisano Alberto Abraham en las épocas en que fue designado Intendente Municipal por el gobierno del Mayor Spangenberg, diera el salto al partido peronista.
Mucho no le falta para eso al también diputado nacional Miguel Nanni, cuya andadura en la Unión Cívica Radical -partido que aún preside- se le ha vuelto un poco incómoda.
Nanni no misachiquea ni canta la marcha, pero experimenta una suerte de fascinación por la figura del Gobernador de Salta, don Juan Manuel Urtubey, a quien debe su actual cargo de diputado nacional.
Por si faltaba una demostración racional de que Nanni no ejerce ningún tipo de oposición (útil, sincera o como se le quiera llamar), los salteños la tuvieron cuando, presuroso, el joven diputado nacional salió a defender al presidente de la Corte de Justicia de Salta, cuyo juicio político habían solicitado tres diputados de su mismo partido y otros tres de un partido aliado.
La audacia de Nanni (hay que tener mucho valor o muy poca cabeza para retirarles el apoyo a sus propios correligionarios cuando estos se están jugando mucho) ha superado con creces las hazañas de Zottos, quien al menos en 2013 tuvo un breve intervalo de decencia lúcida y decidió oponer su propia candidatura a senador nacional, en desacuerdo con la decisión de Urtubey de convertir en senador a su propio hermano mayor.
Nanni, como Bettina Romero, ha escalado posiciones dentro de sus respectivos partidos gracias al apoyo político de Urtubey y estos favores no se pueden despreciar poniéndole zancadillas a tan importantes valedores de los intereses de Urtubey como por ejemplo el presidente de la Corte de Justicia.
Se puede decir, en consecuencia, que Nanni ha obrado según se lo ha dictado su conciencia, pero le ha faltado dar ese pasito que sí ha dado Zottos, en dirección al abismo personal y político. Ser partidario de Urtubey no tiene nada de malo ni de vergonzoso para que haya gente que lo quiera ocultar. Un poco tarde, pero Zottos se ha dado cuenta de ello.
Nanni todavía no y es por eso que aún no ha renunciado a la Unión Cívica Radical para fichar por el peronismo. Lo mejor para todos -empezando por él mismo- es que lo haga pronto, porque si no se ahondarán las sospechas de que Nanni es solo un engranaje más de la infernal maquinaria ideada por Urtubey para hacer papilla a la oposición y para convertir en inútiles a los partidos que la ejercen o quieren ejercerla.