Políticas 'a la carta' para salteños y turistas

  • El gobierno de la Provincia de Salta es hoy una nave a la deriva, mecida por los vientos de las encuestas nacionales. Son los y las activistas 'single issue' los que le dicen a Urtubey no solo lo que debe hacer sino además cómo lo debe hacer. Mientras tanto, los salteños miran azorados el espectáculo de su Gobernador rendido a las plantas de los gritones, con la ñata contra el vidrio, en un azul de frío.
  • ¿Y cómo es él?
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Para arañar algunas décimas de puntos en las encuestas nacionales, Juan Manuel Urtubey ha puesto en marcha una estrategia que se parece mucho a la del tero, que pone los huevos en un lado y cacarea en el otro.


Dicho en otros términos, que ahora es esa invisible legión de trolls porteños la que decide el rumbo que van a adoptar las políticas en Salta, sea en materia de abortos, de tarifas públicos, de asesinatos de mujeres o de protección de los bosques.

Si anteayer fueron las feministas las que consiguieron que Urtubey rompiera su largo idilio con los sectores religiosos más conservadores de Salta, anunciando la adhesión al protocolo nacional sobre abortos no punibles, ayer han sido los pegajosos activistas de Greenpeace, que muchos votos mueven en el área más poblada (por gente) del país.

En efecto, después de años llevando como escapulario el rótulo de «foresticida», y tras algunos «inodorazos» (algunos de ellos en Salta), Urtubey ha decidido congraciarse con los protectores de bosques y por eso ha anunciado ayer que duplicará la superficie de las áreas protegidas de Salta, en contra de lo que hasta aquí venía siendo su política favorita: la extensión continua de la frontera agropecuaria.

Curas y gauchos, por ese orden, están que trinan, pero al mismo tiempo parecen dispuestos a sacrificarse durante unos meses, con tal de que el jefe Urtubey consiga lo que se propone. Una vez convertido en Presidente, volverán las oscuras golondrinas a colgar sus nidos en los balcones, y regresarán las restricciones al aborto, las autorizaciones para los desmontes, las tarifas populistas, los cierres de ingenios y un largo etcétera de medidas que Urtubey ha extraído del «manual del niño bien de Salta».

Si ese es el precio que hay que pagar para que el hombre cumpla su sueño, no importa que las políticas del gobierno de Salta sean indescifrables. Es un detalle menor que para comprenderlas haya que recurrir a modelos matemáticos como los que interpretan los mapas de isobaras y nos dicen, con razonable aproximación, lo que puede suceder en la atmósfera durante los próximos días.

El rey de la «previsibilidad» nacional se ha convertido en un enigma para sus conciudadanos vallistos, que mañana pueden desayunarse con alguna otra novedad inesperada, según cómo digan las encuestas y los trolls que hay que actuar.

En suma, que Salta ha dejado de ser gobernada por los salteños y su Gobernador, tan apasionadamente federal y federalista como se reivindica de vez en cuando, ha arriado las banderas del orgullo gaucho y está cediendo cada día un poquito más a los intereses de esos 18 millones de argentinos que son los dueños de los votos para ungir al próximo presidente.

Los salteños, que se aguanten. Si aprietan un poco los dientes y fruncen lo que tienen que fruncir, puede que mañana lluevan pétalos de rosa y seamos todos felices. Pero si Urtubey se equivoca, habrá que empezar a cantar aquellos versos de José Luis Perales que dicen: «quizá para mañana sea tarde, quizá para mañana sea tarde».

La solución, otra vez, viene de la mano de Marx, pero no de Karl sino de Groucho, pues mientras Urtubey se empeña en seducir a los porteños diciéndoles: «Señores, estas son mis políticas, y si no les gustan, tengo otras», los exigentes ciudadanos de la gran urbe le responden: «Jamás olvidamos una cara, pero en su caso, gustosamente haremos una excepción».

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