Urtubey habla el lenguaje del preámbulo

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  • El retorno de la sanata
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Juan Manuel Urtubey es el rey de la sanata. Por si aún había alguna duda sobre la vacuidad de su discurso, hoy en su cuenta de Instagram, y a propósito de la celebración -menor, por cierto- del Día de la Escarapela, el Gobernador de Salta ha escrito lo siguiente:


«En este Día de la Escarapela recordemos lo que nos une como argentinos, el deseo de transformar a nuestro país en un lugar previsible, una Argentina competitiva, profundamente federal y socialmente sustentable».


Tal vez un post de Instagram no sea el lugar adecuado para desarrollar algunas ideas, pero al menos Urtubey podría haber hecho algún esfuerzo por decir «cómo», «de qué manera», «con qué medidas concretas» se propone hacer, por ejemplo, de la Argentina un lugar «previsible».

¿Será acaso penalizando a Apple, a Netflix, a Spotify o a AirBnB? ¿Será haciendo pagar más impuestos a los salteños para mantener el empleo y el sueldo de esa legión a la que él hizo entrar a la Administración pública desde diciembre de 2007?

¿Cómo hará, por ejemplo, para que Salta (y la Argentina) sean más competitivas? ¿Dejando que empresas como el ingenio San Isidro cierren sus puertas y sus empleados se vayan a la calle, sin que el gobierno acierte a hacer nada por ellos en cuatro meses?

¿Será más competitiva la economía de Salta si el poco dinero público que se destina a la formación profesional se gasta en formar panaderos, costureras, fabricantes de humitas caseras, amasadores de alfajores de fernet y mecánicos de motos de baja cilindrada?

Es más razonable pensar que por «competitividad», el gobernador Urtubey entiende no la mayor capacidad de las unidades económicas para buscarse un lugar en los mercados globales, sino su propia aptitud para ganar elecciones.

Tampoco nos dice cómo se hace un país «profundamente federal». ¿Será acaso negándole a las otras provincias las medidas de recorte en Salta? ¿Será pidiendo más dinero al gobierno nacional para poder pagar a sus empleados? ¿Será endeudando aún más a los salteños, para que su deuda en el futuro sea cinco veces más abultada que la de cualquier otro argentino que no viva en Salta?

¿Cuál es la «sustentabilidad social» de que habla el Gobernador? ¿Los anteojos que regala y que son patrocinados por una conocida óptica de la ciudad, que hace su negocio? ¿Los helicópteros oficiales que sobrevuelan las tribus aborígenes arrojándoles comida desde las alturas como si fueran hienas? Probablemente sean -y ya nos estábamos olvidando- los programas galácticos de inteligencia artificial para predecir los embarazos adolescentes, antes de que las niñas pobres de Salta sean incluso púberes.

Este es el problema de hablar con el lenguaje del preámbulo: decir cosas rimbombantes para no decir nada. Nada concreto, nada importante; solo palabras, cada vez más palabras y cada vez más huecas.

Al menos el Preámbulo de la Constitución, hueco e inconcreto como él solo, está desarrollado en casi doscientos artículos que aclaran razonablemente bien lo que la declaración se propone.

Si se tiene en cuenta que la definición oficial de sanata es «discurso extenso que resulta tedioso y aburrido debido a su contenido intrascendente, repetitivo e insolvente», no tenemos más remedio que decir que Urtubey, en este arte, es un consumado maestro.

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