
Los salteños más disconformes con las políticas sociales del gobierno nacional no pudieron decir anoche que el presidente Macri vino con las estrellas bajo el poncho. Se quedaron con las ganas, pues ni él ni su esposa se pusieron encima de sus cuerpitos serranos el infernal poncho rojo que recibieron los otros días de regalo de parte de las autoridades salteñas.
El presidente se enfundó en una parka color gris marengo, mientras que su esposa prefirió una especie de gamulán, con corderito y todo. Nada de alardes güemesianos para la ocasión.
El gesto fue imitado -forzadamente- por la pareja gubernamental integrada por Juan Manuel Urtubey e Isabel Macedo, que dejaron los ponchos en Las Costas y prefirieron, él un sobretodo austriaco color gris oscuro, y ella un camperón de paño de similar color pero longitud más breve, con culotte haciendo juego. Tan recatada estaba la actriz con esos colores, que parecía que se había disfrazado de Fräulein Rottenmeier. Todos, eso sí, estaban adornados con cintitas patrias, mal llamadas escarapelas (porque se trata de cintas lisas, no fruncidas).
Quienes no pudieron sacudirse el poncho, porque no les avisaron a tiempo o simplemente porque no quisieron, fueron los dos últimos intendentes de la ciudad de Salta. El actual, prefirió el rojo, a tono con su corbata. El anterior, uno de color canela de fino pelo de vicuña.
Durante buena parte de la ceremonia, el monumento al héroe gaucho permaneció iluminado con los colores de San Lorenzo de Almagro. Un guiño macrista al Papa Francisco, según se comentaba en algunos fogones guitarreros.
La tradicional vigilia alrededor del monumento al patriota transcurrió sin incidentes significativos. Buena parte de la culpa de esta pax güemesiana se debe al hecho de que el intendente Sáenz prohibió que al lugar se llevaran los escasos alcoholímetros que posee la Subsecretaría de Tránsito.