Del telegrama de la Chata Alvarado al tuit de Gustavo Sáenz

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Los salteños han celebrado como una gran ocurrencia patriótica y federalista el tuit que el pasado día miércoles 24 de febrero el Intendente Municipal de Salta envió al Presidente de la Nación exhortando al Primer Mandatario a mirar «hacia el Norte de la Patria».

Todo el mundo comprendió aquel día que, sin recursos y sin equipos, el intendente Sáenz se hallaba casi al borde de la desesperación, frente a una situación virtualmente catastrófica creada por las inundaciones que colocaron a la ciudad al borde del colapso.

El Intendente fue sin dudas valiente y sincero. No se puede negar que el suyo fue un gesto audaz, entre otros motivos porque servía para denunciar al mismo tiempo la pasmosa indiferencia del gobierno provincial frente a las catástrofes comunes, rayana en la insolidaridad más absoluta.


Sin embargo, no se puede decir que el desesperado S.O.S de Sáenz haya sido original, pues hace más de ochenta años, cuando aún no había Twitter, una salteña ilustre sacudió al país con un clamor muy parecido por falta de recursos económicos.

Un famoso telegrama suscrito por la Chata Alvarado, insigne educadora salteña, puso en aprietos al gobierno nacional del general Agustín P. Justo: «Maestras desnudas, Güemes encima».

No se sabe muy bien si la aguerrida maestra salteña, de noble familia, dirigió la queja a su propio hermano, el entonces Ministro de Obras Públicas de la Nación don Manuel R. Alvarado, o si, aprovechando su parentesco se dirigió al entonces Ministro de Justicia e Instrucción Pública, don Manuel María de Iriondo. El mensaje era el mismo que el de Sáenz: «Miren ustedes hacia el Norte de la Patria, en donde las maestras no tienen qué ponerse, aun cuando la fiesta de Güemes está muy próxima».

Los que conocen la historia del famoso telegrama y la comparan con el tuit del Intendente pueden decir que Sáenz es la Chata Alvarado del tercer milenio. Pero como eso del Chato Sáenz suena un poco feo, prefieren decir que nuestro Intendente es un corajudo defensor del federalismo y un moderno protector de «maestras desnudas», como lo fue en su día la Alvarado, antes y después de tener a Güemes cabalgando sobre sus redondas desnudeces.