En el bar de Pocho, se puede insultar a los mozos gratis

Una curiosa noticia publicada hoy por el diario español El Mundo da cuenta de que en la localidad turística de Cullera, en Valencia, dos jóvenes emprendedores han inaugurado un bar de tapas, cuya principal característica es que se permite a los clientes insultar a los camareros "para desestresarse" o "desahogarse en tiempos de crisis".
Puteadas en el barLos dos jóvenes emprendedores -que son de origen polaco- prometen a sus clientes que si el insulto es "original y divertido", la consumición de los clientes puede resultarle gratis.

Afirma la noticia de El Mundo que los clientes del bar de Cullera "insultan en español, en polaco, en francés y en rumano" y que los dueños tienen por norma contestar a los insultos con un ingenuo y suave "¿Y tú familia bien?".

Al parecer, los clientes del bar están encantados de poder "reputear" a los camareros y califican de "buena idea" la propuesta del bar, porque les permite "decir cuatro animaladas y cuatro tacos" a los sufridos trabajadores, llamándoles "capullo, idiota o tonto", los insultos hispanos más usuales, pero también los más suaves.

Nada dice la nota acerca de la posibilidad de llamar al camarero "hijoputa" (otro insulto hispano abreviado), "mamón" o "soplapollas", que son epítetos un poco más fuerte y no tan alcance de la limitada lingüística de los polacos emprendedores.

¿Qué sucedería en Salta?


Para empezar, la iniciativa gastronómica-insultativa tropezaría con la dificultad de que no muchos de los trabajadores del sector podrían responder a los insultos con un "¿Y tú familia bien?". Lo más probable es que frente a la más mínima te digan: "Tu mama" y con cara de pocos amigos.

En Salta tampoco existe una graduación de insultos entre "suaves y graves". Los insultos más regulares suelen ser bastante graves, malsonantes e intolerables, para cualquiera, incluso para aquellos que buscan fórmulas originales y divertidas con tal de sacar una consumición gratis.

¿Cuál sería la reacción de una "moza" salteña que tiene que escuchar del cliente algo como: "decile al bagayo ese que me traiga las empanadas de una vez"?

Mientras en España es posible insultar a alguien diciéndole "señor idiota" o "señor tonto", en Salta resulta prácticamente imposible compaginar el insulto con tal nivel de respeto. No cabe entre nosotros llamar al dueño de un bar diciéndole "Envuélvame media docena de imperiales, don boludo". Si somos sinceros, se nos escapará un "mavé si me apura ese locro vieja chota", pero nada muy respetuoso que digamos.

Por las dudas, frente a la posibilidad que algo de esto surgiera en Salta, habría que dar cursos de inglés y de otros idiomas a los mozos, para que aprendan a distinguir los insultos de los que no lo son. Porque frente a un inocente "How are you?" más de uno ha respondido aquello de "más jaguar será tu mama".

Además, tratándose de alimentación, el consumidor se expone a que su insulto no sea bien recibido por el cocinero, con todo lo que ello supone en materia de riesgo sanitario. Todavía se recuerda en algún cuartel salteño, la anécdota del "lomito mechado" que encargó la esposa del coronel, y que el cabo cocinero de turno mechó "personalmente" (esto es, con toda su viril humanidad) a pedido de la arrogante señora.

En suma, que algunas iniciativas polacas y españolas resultarían inaplicables en Salta.