Opinión


Donde el Estado no llega, sí llega la televisión

Pobreza urbanaHasta hace algunos años eran invisibles, los mirábamos pero no los veíamos. Claro, eran molestos y nada más, nos pedían alguna moneda, algo de comer y los más experimentados nos contaban alguna historia desgarradora para conseguir su objetivo. Mendigos, pobres e indigentes, siempre existieron, pero vivían lejos. En la ciudad se los podía encontrar en las grandes estaciones del tren, en las puertas de las iglesias, los subtes y otros lugares de alto tránsito. Pero luego al terminar el día, volvían a sus villas, para algunos, miseria, para otros de emergencia. (En realidad: debajo de la alfombra). Así estaban, ocultos intrascendentes, útiles para las campañas políticas y el clientelismo. Fuerzas de choque de barras bravas y sindicatos. Lugar ideal para el ocultamiento del delito y el narcotráfico.

Pero esos lugares de miseria, no surgieron recientemente; llevan décadas de instalación y crecimiento exponencial. Fueron producto de programas económicos fallidos, industrializaciones iniciadas y postergadas, desidia, abandono, migraciones internas y externas sin control y falta total de planificación y desarrollo urbano. Hasta hace algunos años en los barrios pobres y aun en las villas, pese a la falta de atención por parte del Estado y los gobiernos. Existían profundos e importantes valores morales, éticos y familiares.

Quienes vivían en estos lugares tenían la esperanza de salir de allí y progresar o que al menos sus hijos lo hagan. Cumplían con trabajos y duras tareas, eran mano de obra en general mal paga. Luchaban cada día, sin beneficios sociales, sin vacaciones o aguinaldos y por las noches volvían a sus precarias casas.
 
Algo pasó en la década del 90´, algo que cambió y profundizó la pobreza. El abandono del Estado se convirtió en un abandono total. Los padres, que ya ni siquiera conseguían esos trabajos explotadores o changas, se abandonaron y peor aún, abandonaron a sus hijos.
 
La pobreza económica se fue gradualmente transformando en pobreza moral, en pobreza total. Pero hubo algunos que en medio de semejante escenario no se vencieron, se comprometieron, ayudaron y crearon grupos sociales, lugares de asistencia, de ayuda, comedores, guarderías y también se involucraron algunas iglesias. Igualmente no todos fueron desinteresados hubo algunos que buscaron en esa lucha poder político y otros meramente económico.

El resto es historia conocida, aunque no siempre concientizada. El año 2001 fue un quiebre y no sólo económico, sino también social. Esos sectores medios y altos beneficiados por el modelo económico de los 90´, ya no se podían sostener. Los contornos de esos grupos sociales se iban desgranando y cayendo en la pobreza. En ese momento hubo un efímero destello de unión nacional y aquellos que reclamaban por sus bienes y ahorros, se movieron por las calles como un solo ser; con los que hacían mucho tiempo cortaban rutas, calles y puentes por que ya no podían soportar a la miseria.

“Piquete y cacerola la lucha es una sola” fue tan frágil como el gobierno de la Alianza, que pudiendo torcer el rumbo, al principio de su mandato, no lo decidió y luego ya no pudo hacerlo. Las urgencias del momento demandaban asistencialismo, bolsas de comida y una mínima contención social que a la mayoría de los lugares apenas llegó.

Mientras tanto la miseria, la falta de educación y de valores crecían. Los chicos abandonados se multiplicaban y también sus escasas oportunidades de supervivencia.

Las drogas y el narcotráfico crecieron y esto superó a los padres y familiares que todavía se ocupaban de sus hijos. Hoy todo son estadísticas, números fríos que hablan de desnutrición, consumo de drogas, mortalidad infantil, crímenes cada tantos habitantes, pero eso números son personas y niños. Y si el gobierno fuera capaz de ponerles nombre, seguramente no sería lo mismo.

En estos días un diario titulaba “Mueren 8 niños por día por desnutrición” (La Nación 10/12). Y los medios de comunicación nos relatan el asesinato de cada día, sin embargo el gobierno dice que los medios mienten y exageran, pero mientras el dolor continua. Sin entrar en el plano psicológico, el delito es una acción fuera de la ley, pero el crimen, es algo más relacionado a lo moral y lo patológico. Y todos los días hay más crímenes. Esos chicos que crecieron en esos lugares y en estos tiempos, matan sin dudar. Por que allí donde no llegó el Estado, la asistencia, la religión y la educación; si llegó la televisión y la creación de la necesidad de consumo.
 
Según el gobierno de la Provincia de Buenos Aires (además de consultoras y grupos sociales) en los bolsones de pobreza del Conurbano hay cerca de 1 millón de jóvenes y niños, que ni estudian ni trabajan. Y la estadística de crímenes y delitos es infinitamente menor, por lo que se puede deducir que a pesar del abandono del Estado, la mayoría de estos chicos no los cometen. Pero la minoría que si lo hace se transforman en victimarios, siendo víctimas.

Matan por un sueño. Por que sin educación, ni escolar, ni social, ni familiar; a través de la televisión les llega la publicidad y con ella la necesidad de consumo. Los chicos sin medir o valorizar consecuencias quieren tener, pero no pueden comprar y a través de la violencia lo consiguen.
 
Por los barrios marginales la única palabra sueño que se pronuncia es la del programa de televisión: donde soñadores y artistas (sin desmerecer su esfuerzo) buscan conseguir un sueño siempre relacionado con la salud, el progreso o la educación, tres cosas que en la Constitución son derechos y responsabilidad del Estado, no sueños para conseguir rating.

Un segundo de publicidad en el Prime Time (va de 100 mil a 300 mil pesos) seguramente cuesta más que varios de los sueños que hay en juego en cada ciclo. Y para conseguir esos sueños, participantes y televidentes se exponen durante meses, a la más cuestionada comunicación, con desvalorizaciones, peleas banales, mentiras, traiciones y conventillo. Y este es el único mensaje, en algunos casos, que mucha gente sin recursos recibe, por que sólo cuentan con la televisión.
 
El gran sueño de los pobres argentinos (e inmigrantes), en esta actualidad ya no tiene lugar. Trabajar duro para progresar, que sus hijos estudien y salir de la pobreza o de la Villa, ya no es posible.
 
Ya no hay lugar a donde ir, son más los barrios pobres que los que no lo son. Hoy es el Estado el que debe ir a la pobreza y a las villas. Y no se deben confundir más sueños con derechos. Las propuestas que hoy presenta el gobierno son clientelistas o son efectistas. En ciudades turísticas como Bariloche y Mar del Plata, aunque los cinturones de pobreza se despliegan lejos de los recorridos turísticos, estudios hechos por consultoras privadas y ONG. Calculan que la pobreza, sobrepasa el 30%.

El crecimiento continuo de los últimos cinco años a tasas del 9%, que el gobierno exhibe como una circunstancia excepcional en la historia y gracias a ellos, fue en realidad (yo creo) a pesar de ellos. Y salvo en las estadísticas frías, que distan mucho de las humanas, no se percibe.

Lo que si es evidente, la creciente inseguridad que tan relacionada está con la marginación. Las medidas efectistas son tan solo paliativos, la presencia policial, bajar la edad de imputabilidad, dejar o no libres a los menores que están en institutos (o cárceles para niños) e incluso; la valorable sinceridad de la juez de la Corte Suprema.

Las palabras no van a cambiar, aunque repetida, esta injusta realidad. De no comenzar ya con un sincera aceptación de la situación (por parte del Ejecutivo) y un plan social, abarcativo y continuo, sólo se va a sumar más dolor y hechos irreparables.

Los pobres avanzan y no por que se lo propongan sino por que no tienen nada más y su pobreza crece. Nada va a poder evitar que esto suceda salvo un criterio social, que no pasa por que a la Primera Mandataria le “hierva la sangre”.Hace muy poco los vecinos de Barrios Privados y los propios habitantes de la Villa La Cava, pedían desesperadamente que no se retire la Gendarmería del lugar; pero esta fuerza fue creada con el fin de custodiar nuestras fronteras nacionales. ¿Qué frontera custodian en una Villa?