
Se trata de dos hijos de famosos que por motivos muy distintos han alcanzado la fama en Salta y en pueblos de la misma comarca.
Desde luego la fama no siempre viene acompañada de la buena reputación.
Ahora mismo, el destino ha querido que estos dos empeñosos jóvenes salteños, a pesar de compartir algunos rasgos fisonómicos comunes, vivan un momento muy diferente de sus respectivas vidas.
Salvo la fama, que los dos poseen en abundancia, uno quiere lo que tiene el otro y viceversa.
Es decir, uno -por razones que son de sobras conocidas- ansía tener la inmunidad al arresto de la que el otro disfruta desde hace un montonazo de años y ahora mismo se apresta a renovar; el otro en el fondo desea que se lo considere un «nochero» de pura cepa, aunque quizá con mejores mañas.
Uno de ellos pasaría desapercibido si mañana se sentara en el Consejo de la Magistratura a elegir los jueces que probablemente lo vayan a juzgar; el otro, por virtud del mismo parecido, no desentonaría en los pasillos de los juzgados, en donde ha querido el destino que no pueda ejercer sus dotes de buen abogado por haber consagrado toda su energía profesional y su sabiduría a la nunca bien ponderada actividad política.
Aparte de un cierto «aire», los dos han sido convocados a una tarea superior, que va más allá de los juzgados, la política o la música: su misión es la de perpetuar la dinastía, y, cada uno con sus armas y sus argumentos, está haciendo la parte que le corresponde, para tranquilidad de sus papás.
Y una coincidencia más: los progenitores de ambos acudieron alguna vez a los tribunales para recabar los servicios de juezas militantes que rápidamente y sin fijarse mucho en el valor que tiene la libertad de expresión de periodistas y comunicadores les otorgaron a sus retoños blindaje e inmunidad absoluta frente a supuestos ataques de la prensa, construyendo alrededor de sus hijos (casi es lo mismo decir que de ellos mismos) sendos «corralitos» informativos idénticos el uno con el otro.