Gaucho oficialista, pero friolento

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Es verdad que esta mañana amaneció un poco fresco en el Valle de Lerma y que la baja temperatura fue en cierto modo protagonista de los actos oficiales en homenaje a Güemes que se realizaron a primera hora de esta mañana en la Plaza Belgrano, frente a la Central de Policía.

En dicho acto hubo algunas cosas para destacar, como por ejemplo el exceso de ponchos rojos, lo cual ya viene siendo una constante para estas fechas de finales del otoño.

Pero en esta ocasión, a alguien se le fue claramente la mano con el abrigo.

Hablamos del presidente de la Agrupación Tradicionalista Gauchos de Güemes, señor Carlos Alberto Diez San Millán, que como buen jefe de los gauchos que es debió dar ejemplo a sus subordinados de fortaleza y resistencia presentándose al acto en cueros.

Mientras la mayoría de los que forman fila dando la espalda a los arcos ojivales del viejo edificio policial apenas si llevan un poncho en el hombro, el jefe de los gauchos, comisario de las buenas costumbres y Gobernador en las sombras, sorprendió a la parroquia luciendo el tradicional traje de gaucho (de gabardina reforzada), más botas camperas con espuelas, guardacalzón al tono, un poncho de «aquí te espero», sombrero de fino paño y una bufanda de lana protegiendo su cotizado cuello gauchesco.

Solo le faltó envolverse en un quillango.

Más sobrio, el trío de Intendentes: Villada, Sáenz e Isa. Mientras estos dos últimos llevan poncho, el ingeniero Villada ha preferido la sobriedad republicana e igualitaria del sobretodo tradicional. Lo curioso en este caso, no es la vestimenta, sino la ubicación estratégica del sonriente señor Assennato, que se paró justo detrás de los Intendentes, como azaréandolos. «El día que se caiga uno de estos, el Intendente seré yo», sueña Assennato.

En la foto se ve al jefe de los gauchos haciendo un ademán con su mano derecha. Los que estuvieron cerca suyo aseguran que en ese momento, el gaucho oficialista estaba anunciando que iban a rajar al pronosticador de turno del aeropuerto de El Aybal, que no le avisó por Whatsapp que tendría que honrar la memoria de Güemes con una temperatura cercana a la congelación.

¿Qué se pondré encima el señor Diez San Millán cuando haga frío?

A pesar del disgusto, no es cierto que después del izado de la bandera, al titular de la corporación gaucha lo debieron agarrar entre cinco para sacarle la escarcha a garrotazos.

Si el ilustre general hubiera tenido que contar con gauchos friolentos y poco aguantadores como éste, seguramente Olañeta le habría pasado por encima con esos feroces guerreros entrenados en las heladas montañas de Palencia. ¡Menos mal que gauchos eran los de antes!