
Justo el día en que se evoca el sesquicentenario del paso a la inmortalidad de la inolvidable Macacha Güemes, el pequeño busto que evoca la memoria de la insigne patricia salteña, que se halla emplazado en un espacio verde de Villa San Antonio, fue objeto del ataque burlesco de unos muchachones de la zona.
Después del desliz verbal del antiguo candidato a Vicepresidente de la Nación por el kirchnerismo, señor Carlos Zannini, que llamó a la patriota «Machaca» y le atribuyó un escandaloso romance con su propio hermano, el atentado que sufrió el busto es el segundo más grave de toda la historia.
Como se puede apreciar en la fotografía que aparece más arriba, gentileza del diario El Tribuno, a la versión salteña de Agustina de Aragón le han pintado barba y bigote, afeando así la cerúlea y marmórea belleza natural de las facciones de la heroína.
Justamente ahora que la Municipalidad está parchando las veredas de la plazoleta que lleva el nombre de Macacha en Villa San Antonio, no sería mala idea que los mismos operarios que intentan por todos los medios que los desaprensivos animales no caminen sobre el cemento fresco, le apliquen una mano de cal al busto de Macacha para hacer invisibles las huellas de esa especie de Photoshop incaico que es el carbón.
Si esta afrenta no fuera vengada en las próximas 48 horas, la federación de fortines, a instancias del sobrino-chozno de la prócer y albacea del acervo honorífico de la familia, debería anunciar una cabalgata hostil sobre aquella villa, con apoyo del cuerpo de Infantería de la Policía provincial, la Brigada de Investigaciones y el Cuerpo de Investigaciones Fiscales.
El insulto es equivalente a la manipulación digital, efectuada hace algunos años, de una fotografía en la que aparece el histórico monumento a Martín Miguel -hermano de Macacha- envuelto en un colorido preservativo de látex, para protestar contra la educación sexual sesgada y filtrada por la Iglesia, que imparte el gobierno provincial en las escuelas públicas.
No se trata esta vez de un preservativo, pero entre la alusión incestuosa de Zannini y la afrentosa masculinización del busto de doña Magdalena, nos hallamos ante lo que podría considerarse un antigüemesianismo militante que urge conjurar, por lo menos antes de que el Senado de la Nación convierta en ley el feriado urbi et orbi del 17 de junio.