Urtubey declara al tabaco 'cultivo de Estado' en Salta

  • Durante un almuerzo servido en Chicoana, con ocasión de la fiesta provincial del tabaco, el Gobernador de la Provincia no solo ha comprometido su apoyo a esta actividad nociva para salud y el medio ambiente, sino que también ha dicho que su gobierno la garantiza y la promueve.
  • La responsabilidad de un gobernante

El tabaco, cuyo consumo regular mata a unas seis millones de personas por año en todo el mundo y que matará a ocho millones en 2030, acaba de ser declarado oficiosamente como «cultivo de Estado» por el Gobernador de la Provincia argentina de Salta, Juan Manuel Urtubey.


El anuncio del mandatario no utiliza exactamente estas palabras, pero las mismas se deducen del anuncio efectuado por el propio señor Urtubey en la localidad de Chicoana en el sentido de que su gobierno «garantiza» la actividad tabacalera.

El Gobernador salteño no ha dicho de qué modo garantizará el cultivo o la industrialización del tabaco; es decir, si lo hará con subsidios a la producción o si su gobierno participará en la gestión de las explotaciones privadas y plantas industriales.

Lo que sí ha dicho el señor Urtubey es que esos ignorantes que viven en la pampa húmeda argentina -y ni qué decir los que viven en otras partes del mundo- «no saben en realidad cómo funciona esta actividad». Tampoco, por cierto, lo sabe la Organización Mundial de la Salud, organismo internacional del que forma parte la República Argentina.

De la misma actividad tabacalera y sin siquiera hacerse cargo que de las seis millones de muertes anuales que provoca el consumo de tabaco, al menos novecientas mil corresponden a personas que no fuman pero que han estado expuestas a sus humos, ha dicho el señor Urtubey que «es un orgullo del que los salteños no nos podemos avergonzar».

Dejando un lado el hecho de que normalmente no existen «orgullos» que provoquen vergüenza, el mandatario provincial ha ido todavía más lejos al pregonar que en la defensa de la producción del tabaco «estamos todos juntos», haciendo de este modo tan arbitrario una amalgama con la que seguramente no están de acuerdo muchos de sus comprovincianos.

Resulta paradójico que el mismo Gobernador que dice que su gobierno está seriamente comprometido con la defensa de la vida de las mujeres -afirmación que desmienten rotundamente las cifras- se muestre tan abiertamente partidario de un cultivo de esta naturaleza, cuyas consecuencias sobre la salud de las personas no admite discusión en ninguna parte del mundo, incluida por supuesto Salta.

También ha hecho referencia el Gobernador de Salta a la «enorme demanda de mano de obra» que el tabaco genera, sin mencionar el hecho, aparentemente intrascendente, de que en la Provincia que gobierna, según estadísticas oficiales, al menos la mitad de los trabajadores -incluidos lógicamente los que se dedican al tabaco- carecen de protección social por no estar debidamente registrados y practicarse sobre sus salarios los correspondientes descuentos para aportes a la seguridad social. Tampoco se ha dedicado un segundo a reflexionar sobre las condiciones infrahumanas que padecen los trabajadores migrantes; especialmente los que vienen a Salta desde otros países para la cosecha del tabaco.

Finalmente ha mencionado el señor Urtubey que «el tabaco es una actividad que tiene sustentabilidad», aunque no ha aclarado si con esta expresión se refiere a la inocuidad medioambiental del cultivo o a la posibilidad de su mantenimiento en el tiempo.

Parece más que evidente que si el gobierno salteño considera el cultivo del tabaco como una actividad clave a la que debe volcar todo su apoyo, sin importarle las consecuencias que produzca su consumo, tanto en su territorio como fuera de él, es que la perdurabilidad de este hábito tóxico está perfectamente asegurada.

Si a lo que se refiere con «sustentabilidad» es que la actividad no daña el medio ambiente, es que al señor Urtubey se le ha olvidado pasar por las páginas que alertan de que, siendo el hábito de fumar dañino per se, lo es mucho más el proceso industrial de fabricación de cigarrillos -actividad que su gobierno garantiza y fomenta en los departamentos de Chicoana y Rosario de Lerma. Desde la deforestación hasta las emisiones que genera el secado de tabaco, el daño que provoca al medio ambiente el crecimiento y la industrialización del tabaco es intenso y extenso.

Finalmente, no se puede pasar por alto el hecho de que la comunicación oficial del gobierno de Salta se refiere al almuerzo servido ayer en Chicoana para celebrar la actividad tabacalera como un acto «tradicional». La comunicación no aclara si lo es para el gobierno, para los productores o para los dos juntos. En cualquier caso, la pretensión de legitimar en la «tradición» una actividad económica universalmente señalada como causante de muerte y de graves perjuicios a la salud, tanto del ser humano como del entorno en el que se desenvuelve su vida es una prueba contundente de la falta de mejores argumentos políticos para seguir apoyando una actividad que más que progreso y justicia social solo ha traído miseria y explotación para la Provincia de Salta y para sus habitantes.

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