
En una parte del artículo se recogen delcaraciones de unos policías que afirman que «las infracciones ambientales tienen carácter contravencional y que a esta altura de las circunstancias se hace exigible normativas para penalizar a aquellos que producen daños ambientales al dique Cabra Corral».
Provoca una cierta curiosidad el hecho de que el mismo diario que con frecuencia pretende aparecer ante sus lectores como el adalid continental de la libertad de prensa (cuando en sus más de siete décadas de existencia ha defendido activamente los valores opuestos) cometa la torpeza de confundir el castigo penal con una penalidad.
Evidentemente, los policías entrevistados se han mostrado partidarios de una nueva regulación legal que establezca sanciones para quienes atenten contra la limpieza y el equilibrio medioambiental del dique. Pero estas sanciones no son «penalidades». Distan mucho de serlo.
Según el Diccionario, la palabra «penalidad» es sinónimo de «trabajo aflictivo, molestia, incomodidad». Es decir que quien sufre una «penalidad» no es tanto aquel que resulta condenado a pagar una multa o a cumplir una pena de arresto sino aquel que realiza un trabajo que le provoca algún padecimiento físico o tristeza o angustia moral.
Las «penas» en el derecho penal o contravencional no tienen por objeto, jamás, provocar molestias o incomodidades al infractor, sino que buscan su rehabilitación o su readaptación. En su caso, desempeñan también una función disuasoria. De allí que las «penas» no puedan ser equiparables a las «penalidades».
En cualquier caso, los policías lacustres de Cabra Corral, en lugar de haber pedido «penalidades» lo que han dicho es que quieren normas para «penalizar» a los infractores. Y penalizar significa -según el Diccionario- tanto «imponer una sanción o un castigo» como «tipificar como delito o falta una determinada conducta».
En estos tiempos de exaltación de la libertad de prensa y de glorificación de sus fingidos campeones, alguien provisto de sentido común debería hacer un esfuerzo para evitar a los lectores la «penalidad» de enfrentarse a titulares como estos.
