Fundado en 1876, el Corriere della Sera es el diario de mayor circulación de Italia y uno de los más importantes de Europa. Desde su tradicional sede de via Solferino, en Milán, el periódico alcanzó un enorme prestigio en las dos primeras décadas del siglo XX bajo la dirección de Luigi Albertini, quien fuera forzado a dimitir en 1925 tras la intervención del diario por el régimen fascista de Benito Mussolini.
A lo largo de los años por sus páginas han desfilado plumas de la talla de Dino Buzzati, Eugenio Montale, Gabriele D'Annunzio, Italo Calvino, Alberto Moravia, Amos Oz, Pier Paolo Pasolini, Giovanni Spadolini, Oriana Fallaci, Brunella Gasperini, Enzo Biagi, Indro Montanelli y Paolo Miel, entre otros.
Sobre el arresto del cura Alessandro De Rossi
Menos conocido que los anteriores, el periodista Rinaldo Frignani, firma hoy en el tradicional diario lombardo un amplio reportaje sobre el arresto del sacerdote romano acusado de abuso sexual a menores por la justicia salteña.Si bien el reportaje apunta principalmente a recoger la opinión de algunos feligreses de la parroquia de San Luigi Gonzaga, del barrio Parioli de la capital italiana (en donde el sacerdote detenido había conseguido ser designado párroco, previo 'juicio positivo' del Arzobispo de Salta), en el artículo se hace referencia a la ciudad de Salta, en donde, según se halla documentado, el cura había vivido entre 2008 y 2013.
Lo curioso es que el diario se refiere a Salta como una «pequeña ciudad de indios en el norte del país, casi en el límite con Chile».
Textualmente, el reportaje dice lo siguiente: «Don Alessandro De Rossi, 45 anni, era arrivato a San Luigi nel 2013, ordinato parroco dopo aver trascorso più di due lustri in Argentina da sacerdote fidei donum. Ma da Salta, cittadina di indios nel nord del Paese, quasi al confine con il Cile, non era fuggito perché minacciato».
Boicot al Fernet Branca y a las milanesas
La etiqueta ha sido recibida con opiniones divididas en Salta, en donde muchos aplauden que -por fin- se reconozca la verdadera configuración étnica de nuestra población, pero otros reaccionan con indignación por lo que consideran un insulto gratuito del periódico italiano.Estas últimas voces -claramente minoritarias- han calificado a los lombardos como «polentoni» (un término despectivo que en su día ya utilizó el astro Diego Maradona contra los habitantes de la Italia septentrional) y llamado a una rebelión popular para que los salteños de poncho rojo y de cierta alcurnia se abstengan de consumir el pernicioso Fernet Branca (producido en Milán).
También han convocado a suprimir las milanesas de la dieta salteña y a sustituirlas por unos sabrosos lampreados altoperuanos, al menos hasta que escampe y -con la venia del Santo Padre- se recompongan las relaciones diplomáticas con la Padania.
Las medidas incluyen la prohibición de vender y usar en público camisetas del Inter y del Milan y sustituirlas por las casacas de los equipos de la más originaria Liga del Bermejo.
Desde la vereda de enfrente se defiende que Salta es, efectivamente, «una ciudad de indios» y que no en modo alguno se trata de un insulto sino más bien lo que se conoce universalmente como la verdad de la milanesa.