2014 ha sido un año importante para las noticias online en Salta. Aunque con cierto retraso, los salteños hemos asistido este año a la emergencia y desarrollo de un nuevo sector de actividad económica en el que confluyen el periodismo, la tecnología y la innovación. Durante el año que concluye, el periodismo digital de nuestra Provincia ha enfrentado dos retos fundamentales: 1) la asimilación del impacto de las redes sociales en la forma de contar y entender la realidad, 2) el desafío de distribuir los nuevos contenidos a través de todas las plataformas.
Solo estos dos desafíos han cambiado dramáticamente la forma en que los medios digitales de Salta se han relacionado con sus lectores y usuarios. La oferta de contenidos, así como la frecuencia de su actualización, ha sufrido también cambios importantes. El volumen de empleo en el sector ha experimentado también un alza notable, aunque se carece hoy de cifras contrastadas.
A pesar de todo ello, los cambios que se producen de forma vertiginosa en el mundo del periodismo digital han sorprendido a muchos comunicadores locales -a la mayoría de ellos- sin recursos que les permitan hallar orientación en este mundo cambiante, sin ideas para encauzar y dar sentido al crecimiento y sin un compromiso claro con las mejores prácticas, a través de la formación, las recompensas y estímulo al trabajo serio y responsable.
2014 ha sido un año duro para aquellos que apostaron por la mejora de la calidad de la comunicación digital en Salta. Han sido los medios más antiguos, los tradicionales, los que, bajo la bandera del cambio y la innovación, han echado abajo la calidad. Y lo han hecho en nombre del negocio, buscando en todo momento la adhesión fácil de los lectores menos críticos, antes que la verdad o el servicio al interés general.
El resto, salvo honrosas excepciones, ha seguido la estela de los medios más antiguos y reproducido -en algunos casos, con aumento- sus clamorosos errores.
El más grave de todos ellos fue pensar que la inmediatez puede derrotar a la relevancia y que la noticia sin elaborar tiene más atractivo que la que es producto del trabajo periodístico. La inundación de las portadas digitales con chismes o delaciones por Whatsapp, con «noticias curiosas» o vídeos virales no representa -como se cree- una innovación digna de aplauso sino un retroceso en la línea de constante evolución del periodismo digital.
La renuncia a la elaboración propia y la sacralización de la vulgaridad apuntan a fidelizar a los lectores, a reforzar su compromiso con el medio. Pero una cosa es ofrecer calidad para que los lectores comprometidos acerquen su nivel a ella y otra muy distinta es descender hasta los niveles de los lectores menos informados y convertir a estos en los verdaderos árbitros de la calidad. Y todo ello, en desmedro de audiencias muy numerosas -aunque menos comprometidas- que ven con muy malos ojos que todo este proceso consciente de degradación de la calidad se lleve a efecto en nombre de la innovación y la modernidad.
Solo en los dos últimos años, el tráfico de las portadas de los medios digitales más importantes del mundo ha caído en una media del 50%. El descenso ha sido, en algunos casos, dramático. Aun así, la apuesta de los medios digitales salteños por las «portadas omniscientes» va en aumento, llegando a incluir en muchos casos noticias verdaderamente inútiles como el hallazgo de una billetera en la calle o la de animales mal alimentados junto a los hechos más relevantes que se producen en el país y en el mundo.
Paradójicamente, al mismo tiempo que las portadas han ido perdiendo consistencia y rigor, se ha reforzado su papel de signo de identidad de la marca editorial. Esto es algo que empuja cada vez más a los usuarios a juzgar y etiquetar a los diarios digitales solo por la calidad de sus portadas.
A la falta de formación de muchos comunicadores se suma la falta de valores y de visión de casi todos los propietarios de medios. Algunos de ellos destacan, incluso, por haber caído en el pernicioso vicio de la explotación laboral. Pero lo que más se echa en falta en ciertos segmentos directivos es la falta de integridad editorial y de un periodismo responsable que permita al lector-usuario distinguir claramente las noticias de otro tipo de información, como la opinión, la publicidad o los contenidos que no son noticia.
Si bien ha habido tímidos avances en materia de libertad de expresión y de acceso a la información, poco se ha avanzado en materia de independencia editorial y de excelencia periodística.
Al contrario, ha habido claros retrocesos en lo relativo al respeto de los más altos principios de veracidad, exactitud, objetividad informativa, independiente y responsable. Del mismo modo, el «robo» de noticias de las redes sociales y las publicaciones de whatsapps sin filtro revelan una preocupante transgresión de los principios tradicionales del periodismo que aseguran la producción de reportajes originales y la revisión y contraste de la información con otras fuentes.
Finalmente, la primacía de los negocios editoriales de baja calidad obedece a la perversa inyección discrecional de dinero público de la mano de la llamada «pauta oficial», un recurso del poder para disciplinar a los medios, anular su independencia y manipular la realidad a su antojo, cuyos paupérrimos resultados en términos de calidad están a la vista.