El ‘sueño’ de ver la cara de Güemes en un billete desvela a los salteños

  • El país es un polvorín a medida que se acerca diciembre, pero una de las máximas preocupaciones del presidente electo Alberto Fernández es eliminar a los animales que aparecen en los billetes argentinos y sustituirlos por la imagen de ‘próceres’.
  • La gloria de Güemes en papel moneda

Por supuesto, la preferencia presidencial ha sido secundada con entusiasmo por los salteños, que piensan que por fin se hará realidad lo que ya denominan el «sueño» de tener a Güemes en un billete.


Sin ir más lejos, el diario El Tribuno de Salta escribe en su edición digital de hoy que la figura de Güemes en un billete es un «viejo anhelo del norte argentino y del interior del país».

Sin embargo, esta afirmación no está sustentada en ningún estudio serio, ni en evidencia empírica, de modo que no está muy claro que Güemes represente a todo el norte argentino, y mucho menos a todo el interior del país. O al menos que lo haga mejor que el yaguareté o el guanaco, en los billetes de 500 y 20 pesos, respectivamente.

Bastante más discutible que la representatividad icónica es la afirmación, que se puede leer en el mismo diario, en el sentido de que la irrupción de Güemes en el papel moneda signifique que el militar salteño pasará «a ocupar el lugar que le corresponde en la memoria de los argentinos».

¿Es que el actual lugar no es el que le corresponde?

Según este enfoque periférico y acomplejado del asunto, Güemes no debería ocupar un lugar en la memoria de los argentinos, sino más bien en su bolsillo. Lo de la memoria es una simple metáfora.

Güemes monetizado es «lo más de lo más» y lo que están esperando los salteños, con más ansiedad que la bajada de las temperaturas.

Es decir que poco importa que la moneda nacional no desempeñe la función económica que está llamada a desempeñar, que se devalúe periódicamente hasta que el papel y la tinta con que se imprimen los billetes resulten ser más valiosos que el propio valor facial del billete.

Lo que importa es que cuando nos rasquemos el bolsillo encontremos un «héroe gaucho» que venga en nuestro auxilio, sin necesidad de invocar la fórmula mágica de «¡Oh! Y ahora, ¿quién podrá defendernos?».

Para el caso de que la necesidad apriete, y antes de pagar una docena de empanadas con un billete güemesiano (si es que alcanza), hagamos el esfuerzo de que no se nos escape una lágrima al contemplar por penúltima vez ese billete tornasolado de curso legal, que más bien debería conservarse en el Panteón de las Glorias del Norte y no ser manipulado por las verduleras del mercado municipal que trafican con cebolla verde.

El país se puede ir al garete en cuestión de minutos, pero el sueño de ver a Güemes hasta en la sopa es eterno, incorruptible e imperecedero.