
Nos referimos a las expresiones «bendecida jornada», «bendecido día» o «bendecida semana», con la que una persona amable y comedida se dirige a otra para desearle que tenga un buen día o una buena semana.
Determinar el origen de esta expresión no es fácil, pero una rápida investigación permite afirmar, siempre con carácter provisional, lo siguiente:
1) Que la expresión es inusual o infrecuente fuera de la América hispana, y
2) Que se trata de un saludo con connotaciones religiosas y de algún modo relacionado con la palabra de Dios.
En nuestra lengua no existe una definición académica para las palabras «bendecido» o «bendecida». Si acudimos al Diccionario vamos a ver que estas palabras -al contrario de lo que sucede por ejemplo con sus teóricas opuestas «maldecido» y «maldecida»- solo son tratadas como el participio pasivo del verbo «bendecir».
Este último verbo tiene cinco acepciones en el Diccionario, una de las cuales -la tercera- parece la más adecuada para encuadrar esta particular forma de saludar los buenos días. El Diccionario nos dice así que la acción de «bendecir» (de la cual deriva el participio «bendecido») consiste en «invocar en favor de alguien o de algo la bendición divina».
Por tanto, cuando una mañana cualquiera yo le deseo a mi vecino una «bendecida jornada», lo que estoy pidiendo es que Dios bendiga el día de mi vecino, algo que si bien puede satisfacer mis propias expectativas de buena educación y empatía, puede que no colme las de mi vecino ni satisfaga sus deseos y hasta le resulte un poco chocante, sobre todo si el vecino no cree en Dios o tiene razones para pensar que la intervención divina, en vez de mejorar su jornada, la va a empeorar. Todo es posible en este terreno.
Ahora bien, si entre nosotros no hay reglas ni convenciones que regulen de un modo preciso la forma y el contenido que debe tener un saludo, lo que resulta indudable es que las instituciones públicas no pueden trasponer los límites de la neutralidad ideológica y religiosa al desear una «bendecida jornada» a los ciudadanos y a los usuarios de los servicios públicos, sean estos evangelistas, católicos, judíos, musulmanes, protestantes o ateos.
Entre desear una «bendecida jornada» y rezar un Padre Nuestro antes del comienzo de la clase hay pocas diferencias cualitativas.
Sin embargo, la cuenta oficial de Twitter de Defensa Civil de Salta, que debería limitarse a informar a los ciudadanos sobre las alertas en situaciones de amenazas a la integridad física de la población y su patrimonio ante los fenómenos naturales o tecnológicos que pueden provocar desastres, saluda a los usuarios del servicio del siguiente modo:
Muchas gracias es un gusto poder leer lo que nos escribe, que tenga un bendecido Domingo
— Defensa Civil Salta (@DefCivilSalta) November 3, 2019
Un servicio público tan importante como Defensa Civil no está para propalar frases espirituales ni oraciones de fe, porque de lo contrario sus imprescindibles avisos corren el riesgo de adoptar formas tan extravagantes e inadmisibles como «Gracias, Señor, por este nuevo día de vida, en el que esperamos que soplen vientos de hasta 80 kilómetros por hora en Cachi. Feliz y bendecida jornada de domingo, amados del Altísimo».