
En efecto, mientras Juan Manuel Urtubey usa y abusa del aparato de comunicación pública del gobierno y cuela mensajes de campaña en los partes de prensa y en la página web oficial del gobierno, Gustavo Sáenz cuida un poco más las formas y utiliza a su oficina personal de prensa -no la de la Municipalidad- para difundir consignas y actualizar a sus seguidores sobre sus actividades de campaña.
Hoy mismo, Urtubey ha incluido en el parte de prensa del mediodía la noticia de su viaje (en en avión oficial de la Provincia) a Tierra del Fuego, un viaje notorio de campaña, que si bien ha sido disimulado, en parte, por el acto de descubrir una placa en memoria del salteño Adolfo Güemes en la cárcel de Ushuaia, no cumple ningún requisito para ser considerado un viaje de gobierno o un viaje de Estado.
Casi al mismo tiempo, Sáenz distribuyó la noticia de su viaje a las alejadas localidades de Rosario de la Frontera, La Candelaria y El Tala, todas ellas ubicadas a más de 250 kilómetros de la ciudad de la que es Intendente, pero lo hizo a través de la dirección
Al menos Sáenz ha tenido la delicadeza de informar a la prensa de este desplazamiento a través de su propia oficina y no por medio de la página web o el parte de prensa de la Municipalidad. El contraste con Urtubey es, pues, notable.
Queda por saber si quienes redactan la información de campaña de Sáenz o sacan las fotos son los mismos que elaboran la información oficial de la Municipalidad, y si son los ciudadanos y no su jefe quienes pagamos su salario. Pero a estas alturas, este ya es un detalle menor. Lo que se sabe positivamente es que los empleados del área de comunicación del gobierno provincial, casi todos ellos, están obligados (esto es, aunque no les guste) a hacerle la campaña a Urtubey en los medios de comunicación de Salta. Este es el precio que deben pagar para mantener su trabajo. Ello, sin contar con la cantidad de medios de comunicación y de periodistas individuales que todos los meses reciben un subsidio directo del gobierno, normalmente a cambio de un tratamiento benevolente en la opinión pública.
La tolerancia política y social hacia los abusos de Juan Manuel Urtubey, en vez de aumentar, parece que va disminuyendo con el transcurrir de la campaña. Una mayoría bastante estática de salteños ha aceptado sin rechistar que el candidato Roberto Lavagna, que no ejerce ningún cargo público en Salta, utilice los recursos del Estado provincial para su campaña electoral, como si fuesen de su propiedad.
Urtubey viene haciendo lo mismo desde hace años, pero el tiempo del abuso no coopera a su saneamiento. Prueba de ello es haber viajado en el avión de la Provincia hasta el extremo más austral del país, con piloto, nave y combustible pagados por todos los salteños. Lo que ahora deja en clara evidencia las maniobras ahorrativas de Urtubey es la actitud más leal y transparente de Sáenz, que al menos se ha preocupado en separar, hasta donde le ha sido posible, al Intendente del candidato.