
La Prefectura Naval Argentina es una fuerza de seguridad del Estado que tiene en sus filas a 46.000 hombres. Llamarlos a todos ellos con el nombre de «prefectos» es un error.
La palabra prefecto viene del latín præfectus, que significa «aquel que ha sido puesto a la cabeza de». De modo tal, que el título solo puede corresponder al que está a la cabeza de algo (generalmente una autoridad civil o militar) y no extenderse a los que están bajo el mando del prefecto.
Llamar prefecto a alguien que no está a la cabeza de una fuerza de seguridad y que carece de la autoridad de mando no solo es incorrecto desde el punto de vista histórico y lingüístico sino también desde el punto de vista legal.
En efecto, la ley nacional 18.398, que regula la organización y funcionamiento de la Prefectura Nacional Argentina, establece muy claramente en sus artículos 30 y 31 los nombres y los grados de los que forman parte de ella.
De acuerdo con la ley, solo son «prefectos» (llamados con ese nombre) los oficiales superiores (prefecto general y prefecto mayor) y los oficiales jefes (prefecto principal y prefecto). Por debajo de ellos, no hay ningún mando ni tropa con el título de «prefecto».
Así, los oficiales subalternos se llaman subprefecto, oficial principal, oficial auxiliar y oficial ayudante; mientras que los suboficiales superiores son el ayudante mayor y el ayudante principal, y los suboficiales subalternos son ayudante de 1ª, ayudante de 2ª y ayudante de 3ª. Los cabos son cabo 1º y cabo 2º, y a los miembros de la tropa no se les llama «prefectos» sino «marineros».
Diferente, aunque no mucho, es el caso de los «gendarmes», palabra que deriva del francés les gens d'arme y que significa «la gente de armas». Aunque el sustantivo es genérico y no alude como «prefecto» a una posición de mando prominente, en Francia, con el nombre de gendarme no solo se designa a un militar sino a un grado específico de la Gendarmerie nationale ubicado entre el de sergent (o maréchal des logis o second maître) y el de sergent-chef (o maréchal des logis-chef o maître).
Resumiendo un poco se puede decir que tener un prefecto asesino es algo tremendo para un país y para sus fuerzas de seguridad, pero que el asesino sea un cabo de la Prefectura -con ser tan dramático como lo anterior desde el punto de vista humano- es bastante menos grave desde el punto de vista institucional.