Mitigar el predio

  • La comunicación eficaz se basa en el empleo de palabras sencillas y de oraciones breves. En todo lo posible se debe evitar el uso de un vocabulario que obligue al destinatario de los mensajes a usar un diccionario.
  • El idioma, en aprietos

Un ligero repaso a la comunicación oficial de las instituciones públicas de Salta pone de relieve el abuso léxico de dos términos (el verbo «mitigar» y el sustantivo «predio») usados a la saciedad para designar realidades que tranquilamente se podrían llamar con nombres menos pretenciosos y bastante más específicos.


Quienes utilizan estas palabras, por lo general buscan poner su cultura y su finura verbal por delante de la noticia que están contando, pero consiguen el efecto contrario; es decir, dejan al descubierto su pobreza lingüística.

La palabra «predio» es sinónimo de propiedad inmueble; de modo que su empleo no es del todo incorrecto cuando con él se quiere designar a una tierra, a un edificio o una casa que es propiedad de alguien y que, por su naturaleza no puede ser trasladado o separado del lugar en que se encuentra.

Pero precisamente las palabras «terreno», «edificio» o «casa» son mucho más específicas y su uso tiende a excluir, por inncesarios, al genérico usual «inmueble» y al menos usual «predio».

La casa en la que habitamos es un «predio» -en tanto inmueble- pero casi nadie dice que vive en un «predio» sino en una «casa».

Tampoco hay razón para llamarle «predio» al camping de la Asociación de Jubilados, por ejemplo, por más que el inmueble de esta asociación combine «tierra» con «edificio» en proporciones más o menos irregulares. Cuando un inmueble contiene una combinación de objetos, todos ellos dedicados a un mismo fin, en vez de «predio» se acostumbra a hablar de «instalaciones», sustantivo que sirve para nombrar al conjunto de cosas instaladas o a un recinto provisto de los medios necesarios para llevar a cabo una actividad profesional o de ocio.

Tres cuartos de lo mismo ocurre con el verbo «mitigar», que es sinónimo de «moderar», «aplacar», «disminuir», «suavizar» algo riguroso o áspero.

Entre nosotros se suele emplear la palabra solo para referirse a las calamidades de la naturaleza (inundaciones, tormentas, sismos, vientos, etc.), pero muy poco para ciertas patologías sociales rigurosas, como por ejemplo la pobreza o el hambre, ciertas cosas desagradables o desapacibles como las políticas del gobierno, o ciertas acontecimientos tempestuosos como el enfrentamiento ideológico o político entre ciudadanos.

Si se puede «reducir» o «disminuir» los efectos de las inundaciones o las inundaciones en sí mismas, ¿por qué no usar estos verbos más sencillos, y no «mitigar», que es equivalente pero bastante más complicado y no tan fácil de entender?

La comunicación eficaz se basa en el empleo de palabras sencillas y de oraciones breves. En todo lo posible se debe evitar el uso de un vocabulario que obligue al destinatario de los mensajes a usar un diccionario. Cuando usamos palabras complicadas o de significado poco preciso, las personas que los leen o nos escuchan dejarán de lado las palabras que no conocen y el sentido del mensaje se perderá o, peor aún, será mal interpretado. La verdadera cultura se demuestra comunicando correctamente con el mismo lenguaje que habla la audiencia a la que nos dirigimos y no pretendiendo colocarnos por encima de ella con palabras difíciles o incomprensibles.

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