
La noticia que publica este mediodía el diario El Tribuno de Salta y que se titula «Un inglés mató a cuchillazos a otro joven por ser argentino en Ecuador» podría convertirse en las próximas horas en un caso de estudio para las cátedras de psicopatología especializadas en irresponsabilidad y ligereza periodísticas.
No se puede calificar de otra manera el titular escogido -pensado para excitar las más bajas pasiones- sobre todo cuando de la lectura del cuerpo de la noticia queda bastante claro que las motivaciones del crimen son aún desconocidas, tanto por las autoridades como por la prensa: «Aunque se desconocen los motivos del crimen, podría haber sido por la rivalidad entre nacionalidades», dice la crónica.
Más adelante se escribe: «El funcionario judicial (el fiscal de Loja) tendrá 30 días para investigar las circunstancias que llevaron al británico a perpetrar el asesinato que sacudió al pueblo de Vilcabamba». Un plazo inútil, pues El Tribuno en diez minutos ya ha resuelto este espinoso interrogante.
La deducción del periódico es peligrosa, pero también inexacta, pues si por «rivalidad» se entiende una enemistad mutua producida por emulación o por competencia muy vivas, está bastante claro que el odio que profesan algunos ciudadanos argentinos por sus homólogos ingleses, dista mucho de ser considerado una «rivalidad». No solo por la falta de emulación o de competencia, sino porque el sentimiento no es mutuo, aunque se quiera presentarlo de este modo.
Por otro lado, el único elemento que baraja el periódico para afirmar que la motivación del crimen fue la nacionalidad de la víctima es la declaración de un testigo -es decir, ninguna fuente oficial- que afirma haber escuchado que el agresor gritaba «¡Muérete argentino!». Cosas peores se han oído a bordo de los colectivos que surcan la Capital Federal.
Aunque así hubiera ocurrido, nada hace presumir que la víctima hubiera sido atacada «por ser argentino», como afirma el diario.
Lo que queda más o menos claro del escrito periodístico son dos cosas: 1) que el agresor tenía antecedentes por intento de homicidio (en cuyo caso debió haber agredido a otros argentinos con anterioridad, para que la hipótesis del diario se confirme) y 2) que la embajada argentina en el Ecuador no prestó a la familia del fallecido el auxilio que en estos casos corresponde. Las dos cosas son reprochables, pero lo que le interesa al diario que ha publicado la noticia es destacar que la víctima ha sido ultimada por un inglés por el solo hecho de «ser argentino».
Por supuesto, de las motivaciones supuestamente xenófobas del ataque, ni noticias, excepto la versión de un testigo con oído biónico, que se contradice con la afirmación, hecha en la misma crónica, de que, tras el apuñalamiento y no antes, «los pasajeros del lugar se acercaron a ver qué sucedía» porque escucharon gritos.
En resumen, un hecho criminal aún no esclarecido del que apenas si se tiene información contrastada y de fuentes solventes, convertido irresponsablemente en una invitación al odio y a la represalia contra otros seres humanos que no comparten con el autor del crimen más que su nacionalidad. Y una nacionalidad no confirmada, pues el diario La Nación de Buenos Aires dice que el agresor es nacionalidad irlandesa.