
Después de que una integrante del Observatorio de Violencia contra las Mujeres de Salta firmara un incendiario comunicado en contra del mismo Gobernador que la designó en el cargo, aclarando al pie de su firma su condición de «miembra» del citado observatorio, no sabemos ya si es más apropiado referirse aquí a una «testiga».
El caso es que un conocido profesional del Derecho de la ciudad de Salta, ha sido mencionado en un diario como «defensor» de una testigo protegida, algo que llama la atención por el hecho de que la citada testigo -que se sepa- no está acusada de nada, por el momento.
Con los testigos suceden cosas un poco diferentes que con los futbolistas. En el fútbol puede haber «defensores» sin que el rival tenga «atacantes», pero en el derecho procesal la cualidad de defensor se adquiere, normalmente, frente a una imputación.
Claro que hay quien sostiene que allí donde hay un interés jurídicamente protegido, hay o debería haber alguien que lo defienda. Pero es muy dudoso que una testiga tenga un interés jurídicamente protegido superior a la verdad jurídica objetivo, cuya tutela corre por cuenta del tribunal o la autoridad ante la que depone, y no por un abogado particular.
Hablar de que un testigo anda por las redacciones y los banquillos con un «defensor» es admitir, tal vez sin querer, la debilidad de su testimonio o que ese mismo testigo, a la menor insinuación puede pisar el palito y convertirse en sospechoso de una conducta ilícita.
Así como los observatorios no debieran tener «miembras», ni los testigos ni las «testigas» deberían tener «defensores».