Nenitas, alumnitos y mamás en Salta

  • El uso generalizado y acrítico de diminutivos o de sustantivos dulcificados no le hace ningún bien a la comunicación pública. No solo le hace perder fuerza y precisión sino que demuestra que el mensaje se dirige a una sociedad inmadura.
  • El lenguaje con que nos comunicamos

Si por la comunicación pública cotidiana fuese, en Salta no habría niños, niñas, escolares y madres. Sin embargo, los hay. De ello apenas si hay dudas.


Su existencia sin embargo es objeto de una especie de fascinación ciudadana -similar a la que generan las embarazadas- que empuja a muchas personas a utilizar nombres coloquiales o infantiles para llamarlos.

Da la impresión que aludir a ellos con los sustantivos más comunes es una especie de insulto, un desconocimiento imperdonable de su tierna esencia. Por ejemplo, un grupo de madres no es tan respetable como un grupo de «mamás».

Si se agrede a un niño que asiste a la escuela, la agresión no es tan repugnante o condenable si ese niño no es llamado «alumnito», quizá para resaltar su indefensión o para despertar la compasión del lector.

Algunas salteñas arrojan a sus crías recién paridas a una letrina, pero la prensa sigue llamando con el cariñoso nombre de «mamá» a estas crueles mujeres.

Claro, la prensa lamenta este tipo de hechos porque, de prosperar el infanticidio, se estaría privando a la sociedad salteña y al sistema educativo de un futuro «alumnito»; y si es niña la que es hallada con su cordón umbilical flotando entre las heces, nos estaremos perdiendo una adorable «nenita».

Si esta estrategia verbal tan enternecedora se generalizara, se podría mentar a Chirete Herrera como el «presito», o a Pamela Calletti como la «ministrita», teniendo en cuenta de que a la vista de sus redondeces ha dejado ya de ser una «nenita», aunque por sus continuas actividades académicas alguien pueda animarse a llamarla «alumnita».

Y ello, teniendo en cuenta que la prensa llama «nenitas» a algunas que superan incluso los 16 años.

El uso generalizado y acrítico de diminutivos o de sustantivos dulcificados no le hace ningún bien a la comunicación pública. No solo le hace perder fuerza y precisión sino que demuestra que el mensaje se dirige a una sociedad inmadura, a la que se juzga incapaz de comprender la realidad si esta no es pasada previamente por el filtro de las emociones.

No debemos temer a las palabras ni renunciar a su potencia descriptiva. De nada vale decir que alguien padece un cancercito o un alzheimercito, porque por más dulzura que le pongamos, esa persona no mejorará su salud con solo escuchar palabras un poco menos duras.

{articles tags="current" limit="3" ordering="random"}
  • {Antetitulo}
    {link}{title limit="58"}{/link}
    {created} - {cat_name} - {created_by_alias} {hits}
{/articles}