El Tribuno sí excita a los fiscales de Salta

  • El Tribuno culmina una campaña fulminante de tres días cuyo objeto era hacer rodar la cabeza de un exadministrador de la Cooperadora Asistencial de Salta. Ahora ha cerrado el círculo de la operación con la apertura de diligencias previas por parte de los fiscales penales de Salta.
  • La influencia de los medios
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El diario del senador Juan Carlos Romero y de su familia goza, aunque no lo parezca, de una gran capacidad de sugestión sobre los magistrados del Estado.

Prueba de ello, es que después de algunos días (pocos, más bien) de haber llevado adelante una campaña demoledora contra el exfuncionario isista Eduardo Cattaneo, los fiscales han reaccionado -¡por fin!- y ya hay diligencias abiertas en la Fiscalía de Delitos Económicos Complejos, para intentar averiguar si el pícaro de don Eduardo cometió o no los tremendos delitos que el diario dice que cometió.

Hace algunos años, el mismo diario, con otro director, pero siempre de la misma familia, mandó a prisión a un conocido abogado/empresario de Salta, que tuvo la infeliz ocurrencia de acudir a un hotel alojamiento a darse un remojón en un jacuzzi en compañía de una niña de pocos años de edad. En este caso, la condena fue directa. Los jueces solo tuvieron que certificar lo que El Tribuno ya había juzgado de forma inapelable.

Luego dicen que nuestra justicia no es influenciable.

Claro que a nuestros jueces y fiscales no los influencia cualquiera sino quien puede hacerlo. Quien no, se tiene que aguantar que los influyan otros y que sean estos los que decidan en cada caso qué contenido deben tener las resoluciones judiciales.

Hay que decir en defensa de El Tribuno que su insistencia en el caso Cattaneo ha sido sencillamente brutal. Una exageración, digna de una novela negra por entregas. Era imposible que los fiscales no se enteraran del asunto. Si hasta Donald Trump andaba preguntando ya quién es ese tal Cattaneo.

Pero hay que pensar también que históricamente este diario nunca ha dado puntada sin hilo, de modo que su obsesiva persecución contra el funcionario debe de tener algún trasfondo que la gran mayoría de la población desconoce. Nada hay que induzca a pensar ahora que, de golpe, el diario de Limache ha entrado en un cono de sensatez y se ha convertido en un adalid de las causas justas y de la transparencia.

Digamos que ese papel de justiciero aséptico le queda como un traje encogido y contribuye a desdibujar un poco (bastante) la leyenda «canalla» del diario, que es lo que de verdad le da vida y siempre lo hizo atractivo a los ojos de sus lectores, entre los que se cuenta mucha gente perversa.

A los periodistas y los escribas de cierto plumaje les encanta que sus deseos y elucubraciones tomen forma jurídica. Y si es rápidamente, mucho mejor.

En Salta, muchos prefieren la bendición del poder, en cualquiera de sus formas y colores, a la posibilidad de ganar el Premio Pulitzer. No se trata tanto de un esfuerzo por hallar la verdad (objetivo irrenunciable del periodismo) como por encontrar el camino que conduzca más rápidamente a controlar (o, incluso, humillar) a quienes toman las decisiones vinculantes en nuestra sociedad. Si hay quien se pone contento de que la Municipalidad vaya y rellene el bache que hace dos días denunció por Whatsapp, imaginemos qué contento tiene que estar ahora el que se atribuye el mérito de haber destapado la olla de Cattaneo.

Pero por una olla que se destapa en Salta -algo que ocurre muy de vez en cuando- se tapan unas quinientas. De su olor a podrido no nos enteramos gracias a que algunos de estos sagaces comunicadores miran para otro lado cuando se les habla de ciertos asuntos de los que no conviene hablar. Si no existiesen estos señores y no ejercieran como celosos guardianes de las ollas podridas, seguramente no habría entre nosotros tantos «pactos de silencio» para colocar a la verdad fuera del alcance de quienes la necesitan para vivir.

Esos «pactos de silencio» son los que hacen la vida más llevadera a los fiscales penales. Son ellos los que de verdad los agradecen. Pues si por esos pactos no fuera, esta es la hora que muchas fiscalías habrían colapsado y debido cerrar sus puertas por exceso de trabajo.