Tenemos que suponer que si alguien tuviera vídeos caseros con imágenes del momento fatal de algunas de las mujeres que han sido asesinadas en Salta en los últimos diez años, alguien los compraría para publicarlos en la primera plana de los diarios digitales. Cuando los ciudadanos reaccionan contra la explotación morbosa de noticias de gran impacto o la utilización con fines de promoción turística de sitios de triste memoria para los salteños tenemos que entender que no somos unos monstruos sedientos de sangre, ávidos de detalles truculentos y voyeurs complacientes del padecimiento ajeno.
Pero desde que somos capaces de publicar el vídeo de la muerte de un perro a causa de la explosión de un petardo en la boca es porque no rechazamos el morbo sino que lo compramos a precio más vil que se conozca: el de la gratuidad.
La dirección de este medio condena de una forma enérgica la falta de respeto a la inteligencia de los lectores cometida por aquellos que piensan que mostrar cómo un perro muere «como perro», desangrado y con el hocico destrozado, es un avance civilizatorio de la información en el siglo XXI.
A quienes piensen, como nosotros, que se trata de un exceso inadmisible, que no solo lesiona sensibilidades sino derechos subjetivos de las personas, les agradeceremos que difundan esta noticia en sus perfiles personales de las redes sociales.