¿Se puede llamar 'mamá' a una mujer que abandona a su hija recién nacida en una letrina?

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El lenguaje cotidiano está lleno de trampas, especialmente cuando cometemos el error de trasladar el habla coloquial al lenguaje de la información.

«Mamá» es un nombre cariñoso que suena mucho mejor cuando quien lo pronuncia, en referencia a su propia madre, es un hijo o una hija. Ya no suena tan bien cuando quien utiliza este nombre es un tercero ajeno a la relación materno filial. En una enorme mayoría de casos resulta más elegante, por distante y seguro, usar el sustantivo «madre».

Cuando un tercero se refiere a la «mamá» de alguien, lo que quiere poner de relieve generalmente es la relación de afecto entre madre e hijo.

Así, resulta chocante decir que un parricida mató a su «mamá». Es más correcto decir que mató a su «madre». Y ello, aun cuando la occisa hubiera experimentado por su cruel hijo auténticos sentimientos maternales.

Pero en caso de una pérfida progenitora que nada más dar a la luz arroja a una recién nacida a un pozo ciego, con intención clara de matarla, no se puede hablar de la existencia de un sentimiento de tal naturaleza. Una madre capaz de una conducta semejante muy difícilmente pueda recibir, ni siquiera en la prensa más ingenua, el cariñoso nombre de «mamá».

El uso frecuente de «mamá» por «madre» no solo choca con ciertas aberraciones y crímenes, sino que por lo general es expresiva de una visión «light» de la maternidad, que se esmera en destacar determinados aspectos de este estado o cualidad, que son los que menos interesan a las mujeres.

En resumen, que conviene siempre, a la hora de comunicar, utilizar el sustantivo «madre» que es más neutro y que no prejuzga sobre la calidad del vínculo que las mujeres entablan con sus descendientes directos, como sí en cambio lo hace el coloquial «mamá».