El Señor del Milagro no peregrina

Salvo que una ley del Congreso Nacional sancionada a instancias del siempre ocurrente diputado Kosiner lo autorice, el Señor del Milagro no puede peregrinar a tierras extrañas.

No puede hacerlo, puesto que la acción material de peregrinar está reservada solo a las personas y a ciertos animales. Los objetos -aun los que representan a la divinidad- no pueden peregrinar porque falta en ellos ese impulso motor tan importante cual es el de la devoción.

Insinuar que el Señor del Milagro podría emprender una peregrinación es una falta de respeto, no a la imagen de madera sino al Dios que representa, pues el acto de peregrinar -«andar por tierras extrañas»- choca con la cualidad de la ubicuidad, que es la que le permite a Dios estar presente a un mismo tiempo en todas partes.

La metáfora aquella que nos dice: «tras largos caminos que amparó el Milagro, por mares y montes llegaste a este pueblo», puede haber hecho que algún feligrés bienintencionado confundiera a su redentor con un semoviente.

Pero cualquier cristiano que bien se precie sabe que para Dios no hay tierras extrañas ni puede haberlas. Es decir, que para que Dios esté en «otro» lugar le basta con ser Dios. Por eso la peregrinación es un acto casi exclusivamente humano, porque representa precisamente la necesidad del hombre de encontrarse con Dios o con la santidad en un lugar en donde, por las propias limitaciones de su esencia, el hombre no puede estar sin desplazarse.

En consecuencia, lo que sucederá el próximo jueves en la ciudad de Tucumán será simplemente que una réplica de la imagen original del Señor del Milagro será llevada a hombros de los fieles por las calles de la ciudad. Probablemente entre alguno de esos fieles se encuentre un peregrino, pero la sola presencia de este, o de miles como él, no supone que el que peregrinará será el Señor del Milagro.

Por tanto, para evitar estos enojosos conflictos jurisdiccionales, conviene que el diputado Kosiner presente ya mismo un proyecto de ley para declarar a nuestro queridísimo Señor del Milagro «Santo Patrono Nacional», y diga que su intención es «posicionar» a la imagen salteña a la altura de los grandes mitos religiosos nacionales como la Virgen de Luján o la Virgen del Valle, porque estas dos Señoras, en su recortada misericordia, no han atajado tantos terremotos como el doliente cristo salteño.

Solo así el Señor del Milagro podrá pasearse por Tucumán (o por la fatídica Andalgalá) como perico por su casa y el periodista Longobardi tendrá que guardarse donde le quepan sus injuriosas palabras.