
Mientras el fenómeno de la desaparición de adolescentes en Salta alcanza las dimensiones de auténtica endemia social, ni la Policía ni los medios de comunicación aciertan a elaborar un protocolo que permita que la búsqueda y los pedidos de colaboración ciudadana no lesionen el derecho a la intimidad y a la propia imagen de las menores, exhibiendo fotografías en las que éstas aparecen posando.
La responsabilidad de estos excesos es compartida con las familias de las buscadas, a las que sin embargo se debe exculpar, por el hecho de que muchas veces la desesperación y la angustia les inclinan a tolerar la difusión de cualquier fotografía con la esperanza de que así se las pueda hallar más pronto.
El posado -especialmente en selfies frente al espejo- es un gesto adolescente tan habitual como el compartir la imagen en las redes sociales. Su publicación tiene que ver más con el refuerzo identitario que con la provocación, ya que normalmente lo que persiguen las jóvenes con ese gesto no es llamar la atención sino parecerse a las de su misma edad. El posado no es malo de suyo.
Lo malo, es que la policía y los diarios, en vez de utilizar imágenes de primeros planos, que generalmente son más útiles para identificar a una persona, publican estos «posados», que terminan dando a la población la idea de que las adolescentes perdidas lo están por culpa de su exhibicionismo o su descaro frente a la cámara, y no por un acto irresponsable o una conducta criminal.
Cualquiera sea la causa de la desaparición de una persona que no ha alcanzado la madurez suficiente, el hecho debe ser tratado con la seriedad que merece y su protagonista como una víctima, con pleno respeto a su dignidad y a su integridad (lo que incluye el respeto a su imagen personal) y no como un agente propiciador de su propio infortunio.
No se puede estigmatizar a una niña o a una joven por no vestir ni comportarse en las redes sociales como una modesta costurera del siglo pasado. Sus perfiles personales no pueden ser violentados y, si por razones de seguridad se impone su intervención, lo que corresponde es descartar aquellas imágenes que hacen aparecer a estas jóvenes como personas osadas y sin recato.
En el caso de perfiles abiertos, la responsabilidad es de los medios de comunicación, que en ningún caso pueden elegir fotos que no resulten útiles para la identificación y sí para desatar los comentarios de los lectores.
En este aspecto, las familias que las requieren tienen mucho que decir y que hacer, porque en definitiva son ellas las que pueden evitar que una adolescente sea buscada con imágenes más acordes a una investigación policial que a un casting televisivo.