La conveniencia de distinguir entre un organismo y una organización

Escribir en la prensa que «organismos» nacionales repudiaron la actitud del gobierno salteño por no haber adoptado una cierta decisión y mencionar como tales «organismos» a la llamada Red por los Derechos de las Personas con Discapacidad y al llamado Foro de Mujeres por la Igualdad de Oportunidades, comporta no saber distinguir entre lo que es un organismo y lo que es una organización.

Para apreciar con mayor claridad las diferencias entre uno y otro concepto basta con fijarse en las confesiones religiosas en general y en la iglesia católica en particular.

Todas ellas, bajo un nombre único, poseen un organismo espiritual bastante bien diferenciado de las estructuras internas que le confieren soporte, por ejemplo, la organización administrativa.

Con todo, la distinción muchas veces no es fácil de practicar, sobre todo en aquellas organizaciones -muy minoritarias, por supuesto- que, por razones históricas o políticas, llegan a convertirse en sistemas vivientes o abiertos. En estos casos marginales, las organizaciones-máquina tienden a ser percibidas como auténticas instituciones.

En otras palabras, que la organización tiene en los fines u objetivos que persigue la razón de su existencia. Cumplidos o alcanzados estos, la organización deja de tener sentido; muere de éxito. Solo su existencia justifica, en cambio, a los organismos y a las instituciones.

La característica fundamental de los organismos institucionalizados es su dedicación al interés público o al interés general. La característica básica de las organizaciones, en cambio, es su dedicación a los intereses sectoriales, a fines específicos y muy concretos, como por ejemplo, la defensa de las mujeres o de las personas con discapacidad.

A veces estos fines son también limitados en el tiempo, como en el caso de aquellas organizaciones creadas específicamente para fomentar u oponerse a acontecimientos señalados, como una cumbre del clima o unos juegos olímpicos.

Las organizaciones normalmente se extinguen cuando se quedan sin recursos para acometer sus fines. Los organismos pueden, en una mayoría de casos, vivir sin estos recursos.

El asunto se complica más aún cuando el organismo es percibido como una institución, ya que este último es un concepto todavía más abstracto, que alude generalmente a un cuerpo normativo jurídico-cultural compuesto por ideas, valores, creencias y leyes que determinan una forma de intercambio social.

Mencionar a «organismos» como autores del repudio a una actuación política (positiva o negativa) supone que esta actitud (el repudio o rechazo) es manifestado o experimentado, bien por una institución fundamental del Estado, bien por una organización no estatal que, por las razones antes apuntadas, ha adquirido una dimensión institucional.

En el caso del Foro de Mujeres por la Igualdad de Oportunidades o la Red por los Derechos de las Personas con Discapacidad, hubiera sido mucho más preciso llamarles «organizaciones» y no «organismos», no solo para no confundir al lector y no darle una idea equivocada sobre el ámbito de actuación de cada uno de ellos, sino también para respetar la propia esencia de cada organización, cuyo interés apunta también a no ser confundida con una institución al uso.