'Vení, hacemos que hablamos en la puerta del banco y nos sacamos la foto'

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Fuentes cercanas a la expedición «tonka» que desde el pasado martes 20 de abril encabeza el Gobernador de Salta en la ciudad de Nueva York han filtrado que el mandatario salteño ha vivido una de las peores semanas de su vida.

La filtración es verosímil, pues si la estancia del Gobernador hubiera sido tan plácida como él y quienes organizaron el traslado previeron originalmente; si el secreto con que se planificó el desplazamiento se hubiera mantenido, al menos hasta el pasado viernes, el aparato de comunicación gubernamental no habría tenido que salir a quemar las naves y hacer tronar los teléfonos a uno y otro lado del istmo de Panamá.

A la munición gruesa utilizada en las redes sociales -incontrolable para los habituales escuderos del Gobernador, así como para los sicarios verbales más conocidos- el aparato oficial y sus medios satélites respondieron con todo lo que tenían a su alcance.

Urtubey no solo debió salir a defender en persona la honorabilidad mancillada de su novia, lanzando al aire una velada amenaza disfrazada de SOS («no se metan con ella») sino que también debió aclarar quién pagó el pasaje de su consorte, así como otros detalles relacionados con los gastos del desplazamiento.

Por su lado, la Secretaría de Comunicación del gobierno, para defender al Gobernador, difundió la noticia de que el mandatario cumplía una «agenda oficial» en Nueva York, «que incluye reuniones con los principales fondos de inversión en mercados emergentes». Lo curioso es que tal agenda oficial es todavía desconocida para los ciudadanos; no ha sido publicada en ningún sitio y no hay forma humana de someterla a control democrático. Tanto, que no se conocen detalles importantes de las reuniones supuestamente programadas, como por ejemplo el nombre de los fondos inversores o el de sus gestores.

Así por ejemplo, a los ciudadanos salteños -los principales interesados en la operación de endeudamiento- les resulta imposible saber si Urtubey y su ministro Parodi tienen previsto reunirse con representantes de aquellos fondos de inversión que recientemente demandaron al Estado argentino ante los tribunales estadounidenses, o si le van a vender deuda a entidades que financian algunas de las atrocidades medioambientales que se cometen en varios lugares del planeta.

La crisis de credibilidad de la operación rozó un extremo preocupante hoy cuando Gobernador y ministro decidieron fotografiarse, solos (esto es, sin inversores a la vista) a las puertas de la sede de un enorme banco internacional con sede en Zürich, cada uno con una carpeta en la mano, en la que -se supone- no llevaban una copia del proyecto del senador Zottos para que el Estado pague parte del sueldo de los trabajadores del petróleo.

La patética imagen de los dos hombres representando un papel que excede con creces las capacidades histriónicas de uno y de otro, ha dado la vuelta al mundo en cuestión de horas. Las reacciones han ido desde la incredulidad («a menos que lleven un pendrive en el bolsillo, la verdad es que con esas carpetas no van a conseguir ni cien mangos») a la censura del aliño indumentario («solo les faltaba llevar el arco, las flechas y la llisca llena de pescados»).

La abundancia de medios técnicos no pudo superar la ausencia de ideas ni la falta de una realidad creíble, y la foto de Urtubey y Parodi, solos a las puertas de un banco, sin los «hombres de negro» (que podrían haberle aportado algo de realismo), se volvió contra ellos como un búmeran, ya que muchos de los que la vieron y la comentaron consideraron la imagen como una farsa.