El ápice de Lemus

Es sabido que hay profesiones que hacen un mejor uso del lenguaje que otras. El caso de los médicos es paradigmático. Ellos son probablemente los únicos que emplean con propiedad la palabra «impronta», a menudo tan desfigurada en el habla común de las personas.

Por eso, cuando habla un médico, es difícil rastrear en su discurso errores semánticos graves, como los que se encuentran en el habla de otros profesionales.

Sin embargo, ha llamado la atención la afirmación del Ministro de Salud del gobierno nacional argentino, Jorge Lemus (67 años, médico sanitarista, profesor universitario) acerca de que «el dengue se encuentra en el ápice del brote epidémico».

La expresión, que incluye el uso del sustantivo «ápice», es poco frecuente y, por ello mismo, genera dudas acerca de su corrección.

Una rápida investigación revela que ápice deriva del latin apex (singular) y que su forma plural en esta lengua es apices, sin acento agudo; es decir, sin ese signo ortográfico sobre la vocal inicial, que en latín, curiosamente, recibe también el nombre de apex.

En su lengua original, «apex» significa, entre muchas otras cosas, el punto más alto de algo (por ejemplo, el punto más alto de un edificio), pero también, en sentido figurado, se emplea para llamar al momento de más grande suceso o expansión de un fenómeno.

Así pues, según el discurso del ministro Lemus, la epidemia del dengue en la Argentina habría alcanzado su «ápice».

Pero en latín. No tanto en castellano, como veremos a continuación.

Nuestro Diccionario, para empezar, recoge junto a la definición de la palabra ápice la de una locución verbal coloquial: «estar en los ápices de algo». Y dice a continuación que se emplea esta locución para decir que ello ocurre cuando alguien consigue entender algo a la perfección, sabiendo todas sus menudencias.

De las palabras del ministro Lemus no se desprende, de buenas a primeras, que el gobierno al que pertenece, o su cartera, hayan conseguido entender el fenómeno del dengue a la perfección, hasta el extremo de llegar a desentrañar sus menudencias. Al contrario, parece que el funcionario se refiere a que el brote epidémico, o bien ha alcanzado «su punto más alto» o bien que se encuentra atravesando «la parte más ardua o delicada».

Pero el Diccionario no dice que ápice sea el punto más alto de algo (entendido como punto crítico), sino el extremo superior o la punta de algo, lo que no es exactamente lo mismo.

Si a las palabras del ministro le añadimos los números con los que ha cuantificado el brote y puesto en evidencia su gravedad (15.000 casos de contagio local dentro de los 32.000 notificados), lo que aparentemente ha querido decir Lemus con lo de ápice es que el brote epidémico se encuentra atravesando su parte más ardua o delicada.

Si en vez de ápice, Lemus hubiera utilizado apogeo (el punto culminante de un proceso), nadie entendería, por ejemplo, que tras la cuantificación oficial las cifras de contagios se incrementaran. En cambio, al emplear ápice, se podría interpretar el aumento de los casos de dengue como una prolongación en el tiempo de la parte más ardua o delicada del brote.

Pero así como a los médicos, en ciertas y determinadas ocasiones, les está permitido recurrir a las metáforas y a la poesía, cuando asumen el rol de funcionarios su deber es emplear las palabras del modo más preciso posible. Razón por la cual el doctor Lemus debería haber dicho a los ciudadanos, sin más alharacas, que el brote de dengue se encuentra en su fase crítica (momento muy difícil o de mucha gravedad).

También podría haber dicho -aunque esta expresión es bastante cuestionada- que el brote se encuentra en su momento álgido, pues el Diccionario define este adjetivo del siguiente modo: «Dicho de un momento o de un período: Crítico o culminante, especialmente en algunos procesos orgánicos, físicos, políticos, sociales, etc».

Cualquiera de las dos locuciones tiene la ventaja de no poner límites temporales a la crisis y previene a quien la emplea de caer en el ridículo o en el descrédito por una súbita mutación de las cifras.

Y lo que es mejor aún: Ninguna tiene ni un ápice de incorrección.