Que los temblores se puedan «predecir» suena a afirmación temeraria, pero no lo es en absoluto. Antes de pronunciarse sobre esta cuestión con tanta seguridad -como lo hace la Subsecretaría de Defensa Civil de Salta- conviene saber exactamente cuál es la definición oficial del verbo «predecir». Según el Diccionario de la Real Academia, «predecir» significa «anunciar por revelación, conocimiento fundado, intuición o conjetura algo que ha de suceder».
Quiere esto decir que la «predicción» (no solo de un sismo sino de cualquier acontecimiento futuro) puede tener como fundamento:
1) una revelación (una manifestación divina de una verdad secreta u oculta),
2) el conocimiento fundado (el científico, por antonomasia),
3) la intuición (la comprensión instantánea sin necesidad de razonamiento) y
4) la conjetura (el juicio que se forma de algo por simples indicios u observaciones).
Es sabido que los movimientos sísmicos no se pueden predecir «científicamente», esto es, en base a conocimiento fundado.
A lo más que ha llegado la ciencia es a detectar vibraciones que tienen lugar pocos minutos antes de que ocurra un sismo, pero que no dan tiempo a lanzar alertas de escape. Es sabido también que, desde hace bastante tiempo, los esfuerzos de los científicos se centran en mitigar los riesgos sísmicos de largo plazo mediante su ayuda al mejoramiento de la seguridad de estructuras, antes que en intentar acertar con predicciones de corto plazo.
Nada impide, sin embargo, que un anuncio cualquiera, fundado en la mera intuición o en simples «corazonadas» sea considerado también (desde el punto de vista estrictamente lingüístico) una «predicción», aunque carezca de seriedad científica.
Cualquier persona que, observando el comportamiento de algunos animales, por ejemplo, diga o anuncie que va a ocurrir un sismo, lo que está haciendo es una «predicción» en el sentido más propio de la palabra. Otra cosa es que este anuncio sirva para que las autoridades públicas lancen alertas o pongan en práctica medidas especiales de prevención.
Entre nosotros, muchas personas asocian las altas temperaturas invernales, el tiempo anticiclónico y la ausencia de vientos con los temblores. La observación no permite descartar radicalmente que esas condiciones climáticas no estén relacionadas con la producción de fenómenos geológicos, como tampoco permite confirmar lo contrario.
¿Podemos creerle al que comete errores de esta magnitud?
COMUNICADO
Con referencia a las réplicas al igual que un temblor no pueden ser PREDECIDOS. RT pic.twitter.com/KbfR48PdXn
— Defensa Civil Salta (@DefCivilSalta) October 17, 2015
Para un organismo oficial del gobierno de Salta, el participio pasado del verbo predecir es «predecido» y no «predicho».
En su tuit debió haber escrito que los movimientos sísmicos «no pueden ser predichos científicamente». Cualquier otro tipo de predicción, como hemos visto, es posible.
La distinción entre «temblores» y «réplicas» es inoficiosa, ya que una réplica no es otra cosa que un temblor.
Lo que los salteños desconocen es no ya el soporte lingüístico de la Subsecretaría de Defensa Civil sino su autoridad científica en materia de sismos. Es poco probable, por no decir imposible, que un organismo público que se dedica por igual a los incendios, a las inundaciones, los bombardeos y los vendavales tenga más autoridad que los catedráticos de las universidades y los técnicos de los institutos públicos especializados en prevención sísmica.
Es extraño que Defensa Civil, después de afirmar con rotundidad que los terremotos no se pueden predecir, publique un tuit como este:
IMPORTANTE
Ante mensajes que alertan a la comunidad sobre un posible terremoto, desde Def Civil desmentimos esa información.
— Defensa Civil Salta (@DefCivilSalta) October 18, 2015
Si, efectivamente, los terremotos no se pueden predecir, tampoco se puede negar con rotundidad que no vayan a ocurrir. Es imposible saberlo. Negarlo con esa seguridad equivale a decir «quédese tranquilo, no va a ocurrir ningún temblor», lo cual es igual de temerario que el anuncio de su efectiva ocurrencia.