Faldones y mochilas en la inspección ocular a la iglesia de El Galpón

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Tal y como estaba previsto, el juez Mario Teseyra, salió de su despacho de la Ciudad Judicial de Metán para constituirse en la vecina ciudad de El Galpón, a donde inspeccionó personalmente el estado de la iglesia del pueblo, dañada seriamente por el terremoto del pasado día 17 de octubre.

El magistrado metanense, que había ordenado la semana pasada la paralización cautelar de las obras de demolición del templo, dispuesta por el Arzobispo de Salta, se reunió en el lugar con las partes litigantes, que según varios de los presentes, no se miraron con buena cara.

Por un lado estuvieron los ciudadanos que ejercen la acción de amparo, sus abogadas y sus peritos, y por otro, el mismísmo Arzobispo de Salta, que pudiendo haber delegado en otro sacerdote de menor rango, se presentó personalmente a ver con sus propios ojos cómo el juez Teseyra veía el asunto con los suyos propios. En términos procesales, se trató de una inspección ocular tutelada por el Espíritu Santo.

También asistieron a la diligencia el Intendente de El Galpón y los técnicos designados por el juez para elaborar el informe técnico que decidirá la suerte de la acción de amparo y del edificio eclesiástico.

A los presentes les llamó la atención la generosa mochila que portaba el titular de la Arquidiócesis salteña. De su contenido poco se sabe, aunque se intuye que el prelado llevaba allí, entre otros objetos sagrados, los planos de la nueva iglesia que el Arzobispado pretende construir en sustitución de la que los vecinos civiles del pueblo quieren conservar a toda costa.

El diario El Tribuno publica hoy una imagen bidimensional de lo que sería la fachada del nuevo templo proyectado por Cargnello y sus eminencias arquitectónicas. La vulgaridad de las líneas de la futura iglesia, que solo deja traslucir el mal momento por el que atraviesa la arquitectura religiosa de Salta, deja pocas dudas acerca de que lo que se debe hacer es conservar la iglesia antigua como patrimonio común de la localidad y, si acaso, erigir la iglesia soñada por el Arzobispo y sus delineantes en otro lugar.

Pero la decisión no es fácil, entre otros motivos porque la autoridad del Arzobispo sobre los inmuebles eclesiásticos no puede ponerse en duda, ni por motivos históricos. La Iglesia no funciona como una democracia, ni es conveniente que lo haga. Aquí los feligreses no tienen derecho a votar para decidir qué hacer con los bienes que pertenecen a la Iglesia. Aquí deciden los que llevan sotana... y mochila, como en este caso.