En una acción valiente y decidida de don Eduardo Sylvester, el Estado municipal de Derecho ha impuesto sus reglas y conseguido desalojar al rebelde Tío Silisque del espacio que ocupaba ilegalmente a la vera del lago del Parque San Martín de la ciudad de Salta. La reconquista de esa porción irredenta del territorio municipal ha sido posible gracias a la detención del mencionado Silisque por la Policía. Al llegar los agentes al lugar, descubrieron casi por casualidad, entre una montaña de grasa y junto a dos gatos que tironeaban una salchicha, que el sanguchero tenía algunos pedidos de captura atrasados, así que lo enviaron a la Alcaidía con los grilletes puestos.
Ahora, los agentes investigan si detrás de la identidad de Juan Silisque no se esconde la de un ciudadano británico llamado John C. Liskeen, que bien podría ser un usurpador encubierto de territorio nacional enviado por los servicios secretos de Su Majestad la Reina.
De confirmarse esta doble identidad, la Municipalidad declarará el 7 de Julio feriado inamovible en todo el «éjido» capitalino y se establecerá, por Ordenanza, la obligación de entonar la Marcha del Lago en todos los actos cívicos y escolares. En los libros de historia de las venideras generaciones de salteños -a cargo del inefable Profesor Cáseres- se recordará la magna fecha como la de la concreción de la llamada «Gloriosa gesta del Parque».
En el lugar en donde solo hasta ayer se asaban chorizos a la plancha, se erigirá un busto de Eduardo Sylvester, con su sien coronada de laureles y a sus plantas rendido un león. En realidad, en Tío Silisque se encontraron dos gatos, pero un buen escultor puede arreglar este pequeño detalle.
Los agentes que procedieron a desmantelar el tinglado de Silisque (o C. Liskeen) podrán optar inmediatamente a una pensión como veteranos de guerra, pero solo los que descolgaron las chapas. Los que estaban acordonando la zona se quedarán sin pensión «por no haber entrado en acción», según una reciente sentencia de la Corte Suprema.
Silisque se niega ahora a ocupar los dos mausoleos que tiene contratados ante notario público en el llamado popularmente Paseo del Choripán, esa especie de sucursal céntrica del Cementerio San Antonio de Padua, salida de la imaginación febril del dirigente antoniano José Muratore.
Para repudiar su traslado, Silisque invoca la Convención de Viena sobre prisioneros y la Declaración Universal de Derechos Humanos. Al dossier ha acompañado también la versión taquigráfica de la última sesión de la Cámara de Diputados de Salta en la que el Indio Godoy califica al Paseo del Choripán como «un lugar horrible», que ha destruido la armonía arquitectónica del barrio de clase media que lo vio nacer.