
Eduardo Sylvester se ha convertido el Mascherano de la política municipal. A pocos días de estrenar su nuevo cargo de Jefe de Gabinete, Sylvester ha concretado una de las operaciones que más dificultades presentaba para las autoridades municipales: el desalojo de Juan Silisque del Parque San Martín.
El rebelde Silisque se vio obligado a deponer finalmente las armas (la manguera de la garrafa y el aceite hirviendo) y a ceder ante el tercer y terminante mandamiento administrativo que ordenaba su desalojo. El desahucio de Silisque requirió la asistencia de la Policía de Salta.
“El Estado municipal tiene facultades de autotutela del dominio público cuando hay ocupación indebida”, explicó Sylvester haciendo gala de pureza en su lenguaje jurídico.
Al escuchar esto tan fuerte de la «autotutela del dominio público», a los choripanes de Silisque le entró el miedo en el cuerpo. Con la autotutela no se juega, pensó el contumaz sanguchero.
La información oficial dice que el desalojo de Silisque se produjo en las primeras horas horas de la tarde de hoy y que tras el procedimiento las autoridades municipales «recuperaron un espacio público que es de todos los salteños». Desde el 2 de abril de 1982, no se registraba en nuestro país una operación de recuperación territorial tan ambiciosa como ésta.
Sylvester explicó que la medida se tomó luego de haber agotado todas las vías de negociación posibles. “Fuimos tolerantes con la necesidad de trabajo de Juan Silisque al igual que con la de todos los puesteros del rubro gastronómico que ofrecían sus productos en el Parque San Martín. Una vez inaugurado el Paseo de la Familia, cuya construcción fue consensuada con quienes antes ocupaban el espacio público, todos los puesteros se mudaron y revalorizaron la zona de Catamarca al 600, menos Silisque que hasta hoy mismo se mantuvo en rebeldía”, dijo el funcionario.
El desalojo de Silisque fue total, pues no solo fue forzado a desocupar el espacio ilegalmente ocupado, sino que su local fue «desmantelado», según informa la Municipalidad.
Silvester recordó que Silisque había firmado ante escribano público los contratos de alquiler de dos locales contiguos en el Paseo de la Familia que, según la Municipalidad, se construyeron en tiempo y forma y que se encuentran en perfectas condiciones para ser explotados por el inquilino. Esperemos que solo se trate de una explotación comercial y no de garrafas de gas, como alguna vez amenazó el sanguchero.
Por su parte, el procurador municipal, señor Aníbal Anaquín, aportó una novedosa perla al currículum de Silisque, al decir que el sanguchero hizo «caso omiso». Si bien algunos periodistas escucharon mal e interpretaron que Silisque había hecho un «alto guiso», a lo que se refería el procurador era a que Silisque había ignorado tres requerimientos anteriores de desalojo.